Marcados

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Estamos marcados. Aquí en el cielo como en la tierra, oiga.
Allá arriba, donde están otro montón de beatos, el enviado de Roma para desear la paz entre los hombres de buena voluntad, el cardenal Amato, –al que, vaya por Dios, una comisión de expertos examina las cuentas de la Congregación para la causa de los Santos que él preside– dijo que la República programó la exterminio de la iglesia católica. Vale y duró dos décadas; pero nada dijo de lo suyo que, durante siglos, entre las guerras “santas”, la inquisición,  la cruz y la espada para llevar al cielo a los infieles o los negocios de la banca del Vaticano por no hablar de otros pecadillos que llenaron las páginas de tribunales. Pelillos a la mar que el cielo es como los autobuses: solo caben los justos.
Y aquí abajo, en esta mísera tierra, desde la familia real hasta los concejales del PP en Compostela nos dejan marcados ante la opinión pública de todo el mundo mundial, que aún se pregunta cómo pudimos mandar, con la marca España, a los paralímpicos de Sydney a una selección donde solo dos eran discapacitados y el resto unos tramposos.
Trampas, también, las de la vicepresidente que cuenta, con datos inflados, a los trabajadores que hacen trampa y se olvida de los empresarios que se benefician de la trampa.
Beatificados unos, demonizados otros, un panorama negro, como el dinero que financió en Valencia al PP, según la Agencia Tributaria. Un dinero negro para pagar actos electorales como –dicen las lenguas de doble fila que citan al señor Crespo incluido en el caso Gürtel, en los tiempos en que era jefe de organización del PP gallego reinando Fraga–  pudo suceder en el mismo monte del Gozo o para llevar a la presidencia de Castilla-La Mancha a la señora Cospedal, según denunció Bárcenas e investiga la justicia.
Y en la otra punta, una juez investiga corruptelas en el Gobierno de Melilla gobernado por el PP y no olviden los ERE donde los sindicatos metieron la mano y se quedaron con el cazo. Y a esto ¿marca España? añadimos la rebelión de los alcaldes por la pretendida reforma municipal de Mariano y “as trampiñas” de Feijóo, que rebaja unos céntimos en el tramo autonómico en los impuestos y, por otro lado, sube 4,8 céntimos por litro el impuesto a la gasolina.
Estamos marcados, oiga.

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