CALLES PARA INGENIEROS

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Repaso un antiguo álbum de fotos familiares. Pese a todos los avances técnicos esas instantáneas continúan siendo tan reales como el día que se hizo cada una de ellas. Es el tiempo apresado en una cartulina –más o menos amarillenta- para combatir su irreversibilidad. Nosotros pasamos, pero los hechos y acontecimientos se mantienen.

Así también subyacen, están y permanecen los hitos domésticos para estudio y reflexión. Etapas que los hicieron grandes y atrevidos a base de esfuerzo, fe y sacrificio. Nos lo recuerda “Vía 18”, publicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Galicia, al informar sobre dos calles herculinas dedicadas a ingenieros muy cualificados y vinculados a nuestra polis. Celedonio de Uribe, ladrón de terrenos arrebatados al mar, y Eduardo Vila, que realizó el proyecto definitivo de la Dársena. Dos pintores portuarios. Dos creadores que supieron conjugar lo bello con lo útil. Dos pinceles primorosos para diseñar el paisaje urbano de unas casas de cristal asomadas al lago de su bahía. Bronce enmarcado en blanco solar para conmover. Blandas sonrisas en azules ojos de amada eterna, donde todavía resuenan los carros varaderos como esculturas andantes que cuelgan farolillos verbeneros y dan pie a la inspiración de Alberto G. Ferreiro: “Se me diran a escoller/ eu non sei que escollería/ se entrar na Cruña de noite/ ou entrar no ceo de día”.

Desde entonces, fachada recostada plácidamente al sur, construyendo el paseo de palmeras, los jardines de Méndez Núñez y la avenida Alférez Provisional; sin olvidar la construcción del muelle del Este y las alienaciones de los de Batería, Linares Rivas, Santa Lucía y la Palloza. Dos calles recordatorio entre La Marina y el muelle de trasatlánticos para estos comprometidos soñadores que abrieron puerta al futuro coruñés.

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