ESPECULANDO CON LA VIDA

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Creo que fue Esperanza Aguirre quien  en los primeros tiempos de la legislatura urgió a Mariano Rajoy a abordar cuanto antes las grandes promesas del programa electoral. Entendía la presidenta del PP madrileño  que la rápida puesta en marcha de tales compromisos trasladaba a la opinión pública la imagen de un gobierno decidido que,  de paso, cogía a la oposición lamiéndose todavía las heridas de la derrota.
En realidad fue lo que hizo Rodríguez Zapatero cuando llegó al poder: aun sin haber formado  gobierno sacó a las tropas españolas de Irak; a las primeras de cambio  se cargó la casi nonata ley de Educación del PP, y  sin respiro alguno derogó el plan hidrológico. En un decir Jesús, había cumplido medio programa.
Con Mariano Rajoy estamos en las antípodas. Se ha enfrascado en la economía,  y lo demás  puede muy bien esperar en los  cajones ministeriales hasta llegar –si es que llega- a la mesa del Consejo de ministros. Más aún: incluso desde Moncloa los anteproyectos de ley pueden muy bien no seguir el cauce normal, es decir, el  Parlamento, sino volver al punto de salida  para dormir allí el sueño del olvido.
Es lo que está sucediendo. En plena recta preelectoral, Rajoy y su colegiado Gobierno no quieren polémicas con la calle o con la izquierda. A sus votantes naturales espera lidiarlos con la eventual mejora económica y con el miedo a la llegada de partidos de izquierda radical, como Podemos. Creo que se equivoca. Pero, en fin.
De los tres aparcamientos el más relevante es, a mi juicio, el de la eliminación voluntaria del embarazo, habida cuenta de que están en juego miles de vidas. Unas trescientas mil se han perdido por esta causa a lo largo de estos casi tres años de gobierno de Mariano Rajoy. Y las que  van a seguir.
Porque lo más grave no ha sido el chapucero y penoso episodio final con que pasó a mejor vida la prometida reforma de la ley vigente, sino la aceptación de que el que el aborto continuará  siendo libre, aunque dentro de un plazo, y continuará siendo considerado como un derecho.  Diga lo que diga el presidente, se trata de  un aspecto de infinito mayor alcance –moral y de principios- que el establecimiento del permiso  paterno para las menores que deseen abortar.  A sostener otra cosa bien podría llamársele cuando menos insensatez.

ESPECULANDO CON LA VIDA