Ganas de votar

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Nunca antes había visto a tanta gente con ganas de votar. El paso del bipartidismo al multipartidismo ha generado incertidumbres, tanto por la derecha como por la izquierda. Ha pasado poco tiempo desde que el nuevo mapa político ha mudado y presenta un aspecto irreconocible para los españoles que hemos vivido la transición. Cierto es que hemos visto muchos guadianas, proyectos que aparecen y desaparecen con la misma naturalidad que las nieves de diciembre.
En esta ocasión no es igual y eso golpea las mentes de los pensadores y politólogos que han de adaptarse a los nuevos tiempos para no convertirse en meros espectadores de la actualidad sin más influencia que la de un opinador de taberna. La izquierda lucha por minimizar a su ala más extrema que, representada por Podemos, se abraza al poder de Sánchez para justificar su existencia, pero en el fondo la lucha es fratricida. El PSOE necesita a los podemitas en el corto plazo, pero ansía su decadencia para seguir siendo hegemónico en la izquierda. Sus devaneos con los de Iglesias ahuyentan a sus votantes socialdemócratas, que no aceptan los planteamientos bolivarianos de sus socios y supone una pérdida importante de votos por el centro, que, según los opinadores, es el nudo gordiano del éxito electoral.
Por ello las giras de Iglesias por cárceles para negociar los presupuestos causan estupor entre los socialistas más sensatos. Sanchez acepta al podemita porque pretende aparentar lejanía de los independentistas vascos y catalanes, pero sabe que los necesita. Esta es la realidad, sin podemitas, independentistas y restos de ETA, el proyecto de Sánchez está más que acabado. Fíjense en la gran pérdida del sentido de la realidad de Sánchez que hen sede parlamentaria avisó a Casado de que corría el riesgo de convertir al PP en una fuerza marginal, eso dicho por quien llevó al PSOE a 84 diputados y peor resultado histórico de los socialistas suena a delirio. Sánchez tiene en Tezanos y su CIS el alimento de sus deseos más profundos e inconfesables, pero nadie, salvo el propio Sanchez, cree en los datos que Tezanos le sirve en bandeja de plata, de creérselos alguien, estaríamos en campaña electoral.
Por la derecha, un PP hegemónico mira de reojo y con preocupación a Ciudadanos y Vox, que podrían causarle estragos si la demoscopia no se equivoca, cosa poco probable. Es verdad que el PP no está en su mejor momento, Aznar lo verbalizó cuando dijo que él había legado un centro derecha unido y Casado se lo encontró partido por tres. La esperanza es la regeneración total del PP que lo aparte del pasado reciente salpicado de aprovechados que han hecho fortuna sin ningún escrúpulo y han puesto al primer partido de España a los pies de los caballos. Si la izquierda vive en la guerra soterrada, el centro derecha se rehace desde la fuerza que le da la afición desde la grada. Sumar, sumar y sumar que diría Luis Aragonés, esa es la tarea del PP para tapar agujeros por los que se filtran votos. Los bandazos de Ciudadanos causan desconfianza y frenan la fuga de votos, eso es condición necesaria pero no suficiente: Casado necesita ocupar el espacio que va desde el PSOE hasta la derecha. Las ganas de votar de la ciudadanía son un aliento para el PP, solo faltan las urnas.

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