A vueltas con el túnel del Parrote

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Durante algún tiempo se seguirá hablando de la polémica desatada entre el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria sobre la apertura del túnel del Parrote, sobre el que ambos no se ponen de acuerdo en torno a los males que padece; cada organismo da una versión distinta de los hechos, sin concretar nada, y el ciudadano, en medio y confundido, sin saber los motivos reales, solo lo que uno y otro filtran de modo interesado a la prensa, pero sin profundizar en las particulares causas que conlleva el no abrir el dicho túnel del Parrote.
Para la Autoridad Portuaria, la culpa de que no se abra el túnel es una negligencia del propio Ayuntamiento, que demora de forma interesada su funcionamiento debido a temas políticos muy puntuales en su agenda municipal, pero sin el objetivo de incidir en la mejora del tráfico en la superficie, lo que conlleva un desgaste del enlosado de superficie y no se aprovecha el espacio subterráneo para desviar por él dicho tráfico rodado, cuando el túnel está garantizado en su ejecución y listo para entrar en funcionamiento.
Para el Ayuntamiento, el túnel dista mucho de estar en condiciones de ser operativo por sus deficiencias, pero el consistorio no aclara cuáles son esas deficiencias. Su portavoz solo reprocha a la Autoridad Portuaria sus razones, pero no aclara con puntos y comas cuáles son. Por lo que los ciudadanos están confundidos y ven una escena esperpéntica entre estas dos instituciones, que deberían hallar un punto de encuentro en beneficio de la ciudad y no tirarse los trastos a la cabeza en detrimento de la imagen que a estas alturas presenta La Coruña en uno de los espacios más emblemáticos de la Ciudad de Cristal, como la denominó la insigne escritora Emilia Pardo Bazán.
Lo cierto que el túnel aguanta bien los diluvios de estos días, por tanto, ¿donde está el problema? Cosa diferente es la resistencia del enlosado de superficie. Ninguno, por bueno que sea, puede sostener la pesada carga de vehículos en rodaje y con frecuentes paradas por necesidad de los viandantes. En lugar de ello se debieron habilitar dos carriles de circulación con el asfalto propio destinado a tal fin y diferentes del peatonal, para de este modo sostener el tráfico en condiciones sin importar el número de vehículos en trasiego. Lo cierto que el centro de la ciudad a estas alturas es una auténtica calamidad y si no se hace el vial adecuado al paso de los vehículos el enlosado seguirá padeciendo las consecuencias.
En definitiva, una obra que se parece más a unas excusas dialécticas, debido a la sin razón que a los buenos designios de servir con eficacia a la ciudadanía procurando soluciones prácticas y beneficiosas para el colectivo vecinal. ¿Gobierna la Marea para la ciudad o se vale de ella para sus intereses políticos? Ahí queda la pregunta ahora falta su respuesta.

A vueltas con el túnel del Parrote