Camino de una malleira

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UNO cierra los ojos, se imagina una pared forrada de espejos, frente a los que unos tipos, jóvenes, lanzan sus puños como resortes, tratando de golpear a la imagen que ven reflejada, mientras otro tipo, ya mayor, con la nariz torcida, tatuajes de macho en los antebrazos, una toalla al cuello y un palillo en la boca grita: “uno, dos, uno, dos, hígado, bazo, hígado, bazo”, y se da cuenta de que se le ha venido a la mente un gimnasio donde se entrenan unos aspirantes a boxeador. ¡Error!, se le ha venido a la mente la sede del PSdeG, donde con todo lo que falta aún para las primarias se han empezado a repartir unos golpes que espantan. Da miedo pensar lo que puede ocurrir cuando se acerque la fecha de elegir al holograma de Pedro “La sonrisa” Sánchez –buen apodo para un boxeador– na terra. Como sigan así van a conseguir lo que ya han conseguido con el todopoderoso Caballero, don Abel, quien, cuando ayer le preguntaron por las primarias, respondió: “Ni las sigo ni me interesan en absoluto”.

Camino de una malleira