Caiga quien caiga

|

¡Qué tiempos estos en los que hay que recordar hasta lo que es evidente¡ Lo evidente, en relación con la resolución aprobada del Parlament para iniciar la “desconexión” con España, es que se trata de una iniciativa ilegal y de un acto político ajeno a las competencias de esta Cámara. Así las cosas, el Gobierno no tiene otra salida que impugnar la resolución ante el Constitucional. Aunque no es vinculante, en La Moncloa disponen de un informe del Consejo de Estado que concreta los términos de la ilegalidad de la resolución. 
El asunto es serio. Se espera celeridad en la decisión del TC de admitir o no a trámite el recurso del Gobierno. Si lo admite automáticamente quedará en suspenso la resolución y el tribunal dispondrá de cinco meses para emitir sentencia. Este organismo dispone de potestad ejecutiva para imponer sanciones ante un incumplimiento de sus sentencias. Visto que los separatistas han anunciado que no acatarán otro ordenamiento jurídico que el que emane del Parlament, no hace falta ser un lince para avizorar el conflicto que se avecina. Un choque indeseable, porque en democracia nadie puede pretender echarle un pulso al Estado alimentando la esperanza de ganarlo. Está claro que la estrategia de Mas para planear la agenda del proceso de secesión tuvo en cuenta el período electoral en que estamos y las expectativas que se desprenden de las encuestas. 
Probablemente confía en que tras el 20-D, el PP no pueda formar Gobierno y pueda hacerlo el PSOE con el apoyo de las fuerzas a su izquierda y los votos nacionalistas. Calcula que Pedro Sánchez podría ser más permeable. La ambigüedad que en tantos momentos ha sido signo del PSC favorece ese cálculo. Pero hoy no es ayer en la tribu socialista y desde Andalucía miran con lupa los pasos de Sánchez, quien tiene dicho que en este asunto apoya al Gobierno. Bien en clave de vodevil bien en registro de drama, el desenlace se hará esperar algún tiempo. Así que: cúmplase la ley caiga quien caiga en el bando de los impulsores de este proceso que tanto se parece a un acto de sedición.

Caiga quien caiga