La carne roja

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Es lo que le faltaba a Iglesias: la carne roja es mala. Está la carne blanca, la roja y gualda y la carne (la carne es débil) que, dicen en la radio y en internet, tiene preocupado al Baltar junior…
Todo esto, palabra, es un invento del gurú de Mariano para ganar votos. Ya no vale hablar de la herencia, pues todo el mundo sabe que él, Rajoy, nos deja como herencia el segundo país de Europa en cuanto a desigualdad entre los ciudadanos. El “pechacancelas” es Letonia. Nos ganan por goleada Portugal, Grecia, Irlanda, Italia…
Tenemos un diez por ciento de ciudadanos que suman los ingresos del resto y altos ejecutivos que tienen un sueldo 300 veces superior a las de sus empleados. La pobreza, esa que solo vemos los pesimistas, afecta a 728.000 hogares donde no entra ingreso alguno.
Nos deja de herencia los recortes en sanidad, educación y ayudas a la ley de ayuda a los dependientes y sus familias. Nos deja de herencia la subida de 59 impuestos, ente ellos el IVA, que ha supuesto, según estudios solventes, un aumento en el coste de vida entre el 11 y el 16% en unas pensiones que “crecieron” uno, dos, dos y pico de euros al mes. 
Nos deja de herencia la amnistía a los defraudadores que se ahorraron millones y ya dejó “atado” que las grandes fortunas se ahorren doscientos treinta millones anuales al rebajar del 52 al 46% el tramo de cotización a la Hacienda pública.
Y si quieren acercarse a este país de los mil ríos, y la luz cada vez más cara, tenemos la declaración de parte del jefe de nuestra Facenda reconociendo “el retardo” de nuestra economía después del glorioso gobierno de Feiojoo9, pero que en el próximo año, al otro, “acadará” la media europea…
Nos deja, como herencia el señor Rajoy una democracia de segunda división, y en riesgo de bajar a tercera, pues, además del rodillo, fue el presidente que más veces ha rehusado ir al Parlamento, su gobierno el que más veces “disparó” a través de los decretos y otras artimañas. 
Nos deja sus intervenciones en plasma, las mentirijillas y, ay, deja a un millón de jubilados sin los viajes del Imserso con el “palo” consiguiente al sector turístico.
Se me pone la carne de gallina, oiga.
Se me abren las carnes, Mariano.

La carne roja