ESTADO PRIMAVERAL

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Se considera un estado fallido aquel que es incapaz de alcanzar un grado de madurez política y eficacia en la gestión de los recursos. Capaz la primera de conciliar las distintas ideologías y la segunda de ofrecer a sus ciudadanos los servicios esenciales: justicia, educación, salud y seguridad. El nuestro se podría calificar de florido si atendemos al aparato administrativo con que cuenta, pero si la referencia es la calidad de los servicios que presta ese primaveral estado se revela lo suficientemente inepto, corrupto e ineficaz como para merecer ser tenido en cuenta dentro de los fallidos. Porque tal como ellos la proliferación de gobiernos, parlamentos y demás órganos administrativos con su cuerpo funcionarial han terminado por extenuarlo en aras de sostener su atrofiado cuerpo. Es decir, que nos vemos condenados a padecer lo que llamo un estado florido, puro ramaje, mero artificio.
A día de hoy vivimos un duro invierno económico en el que, paradójicamente él es el directo responsable de las muchas dificultades  que atravesamos y que nos han puesto al borde de la bancarrota, no solo con su elefantiásia sino su predileción por el despilfarro a modo de eficaz objeto de deslumbramiento social.
Un momento histórico en el que debemos elegir, de una vez, entre la esencial raíz y la falsa exuberancia de la fronda,  en una palabra, por el rigor y la responsabilidad o por la fantasía social.

ESTADO PRIMAVERAL