Gallegos en la carballeira

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DESDE que Carmela Silva se disfrazó de irmandiña y los expulsó del castillo de Soutomaior, los peperos –realmente, los pepeiros, porque solo son los de Galicia– vagan por los campos para celebrar la vuelta al cole. El domingo se fueron a Cerdedo-Cotobade y se montaron una romería en plan provocación. Eligieron una carballeira, cuando sus actos deberían ser en un eucaliptal –si negociasen con Ence seguro que les preparaba uno con todas las comodidades– y presumieron de la política a la gallega de Rajoy. Fue Feijóo quien elogió a su jefe por imponer en el país esas maneras enxebres, que aquí entiende todo el mundo, pero que descoloca a los del otro lado de Pedrafita. Para colmo, el elogiado Rajoy se creció y aseguró con retranca que no había escuchado “las afrentas de algunos” en Barcelona. Sonó la gaita –por cierto, no la tocaba Luís Villares– y hubo aplausos a esgalla. Los galaicos de verdad, los que reparten los carnés de la tribu, se pusieron de los nervios con estes espanhois conversos...

Gallegos en la carballeira