LOS INTERESES CREADOS

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Prácticamente lleno en Ágora para asistir a la representación de “Los intereses creados”, de Jacinto Benavente, a cargo de alumnos de la escuela práctica jurídica Decano Iglesias Corral. Grupo el cuidado de un inquieto Vicente Bellón. Esta comedia de polichinelas se estrenó en el madrileño teatro Lara en 1907 cuando todavía el dramaturgo no alcanzara –1922– e1 Nobel de Literatura. Presentó la inmortal farsa el responsable del grupo que, tras destacar el esfuerzo del elenco aficionado y su interés cultural, invitó a engrosar sus filas con nuevos nombres. Recordó, además, que era la quinta comparecencia pública –dos en el Colón y tres en el Ágora–. También anunció que el próximo año subirá al palco escénico una obra de autor gallego.
Escenografía con telón alzado a cargo de Marlene Pérez y David Corral. Mesas y taburetes de hospedería rematados al foro por tres arcos y tendal con paños de diferentes colores. Frascas y botellas de vino, platos, cesta, farol con vela y bandurria. Música ambiental y personajes de la comedia de arte. Dramatis personae siglo XVII que nos muestran un mundo profundo pese a su aparente frivolidad. Un aplauso al gran autor madrileño que supo superar el teatro anquilosado y declamatorio de su época.
Dirigió con singular acierto la obra Antonio López, reclamado al palco escénico con colofón de parabienes a todo el elenco. Echamos de menos –sin dudar de sus dificultades y riesgos– el “prólogo” a cargo de Crispín y el poema recitado por Silvia “El reino de las almas”. Exagerados los gorjeos de varias actrices riendo escenas no necesitadas de tales acentuaciones... Pesa a ello, el balance es positivo y a la hora de citar un nombre –aun cuando todos lo hagan bien– me quedo con el empaque, gravedad, elocuencia y firmeza del abogado Agustín Abelleira, dueño de su toga, avieso de erudición y aprovechado de lomo y lomo para arrimar el ascua a su sardina crematística.

LOS INTERESES CREADOS