¡Pobre juventud!

|

Las becas Erasmus, con nivel internacional, y las Séneca, con matiz nacional, corren el peligro de irse al carajo más pronto que tarde. El inefable ministro de Educación está pegando serios mordiscos a la ya de por si depauperada tarde.

El I+D+i en España puede desaparecer drásticamente. Nuestros mejores jóvenes están emigrando a otros países más acogedores en el campo de la investigación. Las perspectivas de futuro en este aspecto son, más que sombrías, como para mear y no echar gota.

Lo vienen aireando todos los medios de comunicación. Hasta hoy, científicos y empresas de nuestro país construyeron y operaron parte de los dos grandes detectores (más otros dos de menor tamaño) situados en el LHC, y construyendo y operando a distancia la estación meteorológica que lleva el “Curiosity”.

En 2011 ocupábamos el décimo puesto del mundo en producción científica, tras haber ocupado un año antes el noveno. Una posición que no hubiéramos soñado hace 30 años y que ha sido posible gracias al esfuerzo continuado a lo largo de este tiempo. Un esfuerzo que se ha materializado en la extensión de nuestras contribuciones científicas y en su calidad y en la buena formación de nuestros investigadores.

Ahora, vamos a la mierda en bote. La crisis económica se ha dejado sentir en el campo de la investigación y el desarrollo. Es seguro que retrocederemos en los próximos años, como consecuencia de la interrupción brusca en nuestros esfuerzos de I+D+i y también porque nos sobrepasarán otros países que están modulando mejor los campos en que reducir gastos. Nuestras universidades y centros de investigación se están resintiendo en su capacidad para generar nuevo conocimiento y nuestros más preclaros jóvenes se escaquean a otros países en los que se les presta mejor ayuda. O, lo que es peor, abandonan desmoralizados ante la falta de perspectivas.

De esta manera se están comprometiendo las dos facetas: nuestra contribución al conocimiento científico, una tarea que parecía conseguida, y su efecto transformador sobre la tecnología y la innovación, que estaba pendiente y desafortunadamente lo seguirá estando durante mucho tiempo. Estaremos en peores condiciones para afrontar la tarea pendiente de transformar la producción científica en innovación, algo que resultaría necesario para transformar nuestro sistema productivo.

¡Pobre juventud!