Tenemos presupuestos y problemas

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Celebra el gobierno de Sánchez e Iglesias la aprobación inicial de los presupuestos generales del estado que entierren definitivamente los de Montoro. Presume además de la amplia mayoría conseguida en apoyo de sus números porque la suma de Bildu, Esquerra, Junts, Pnv, etc. etc., le dan una fuerza que ni tan siquiera consiguió en su investidura. Partiendo de la base de que no sabemos nada de nada del contenido de la ley presupuestaria más allá de que el propio Sánchez los tacha de “expansivos”, si sabemos que los números recogidos en el texto son un brindis al sol y que los ingresos no cuadran con los gastos. Hemos pues de pensar que el pufo que nos va a quedar va a ser de órdago porque el aumento de la deuda y del déficit no es gratis. Pero más allá de los números rojos, nunca mejor dicho, cabe preguntarse por qué Otegui, Junqueras o Puigdemont han dado su voto afirmativo al proyecto.  ¿Acaso porque son buenos para España? Tengo mis dudas porque Otegui acaba de declarar que “estos presupuestos hay que apoyarlos porque es un paso necesario para la creación de la república vasca”, por su parte los de Esquerra dijeron, en sede parlamentaria, que “España nos importa un carajo” y que decir del amor de Puigdemont a los colores patrios españoles. A partir de ahí un Pnv que siempre ordeña la vaca en su cubo y no reparte ni aporta nada más que sus votos o pequeños partidos localistas que buscan monedas o favores para su afición, al margen de los intereses generales del estado. De verdad les digo que dudo mucho que haya algo que celebrar. La alegría del despilfarro de los gobiernos social-comunistas tiene en la historia, antecedentes que merece la pena estudiar. El promotor de elliberal.com, Jano García recoge en uno de sus libros, La Gran manipulación, de la editorial La esfera de los libros (2020), una parte de la historia quizás olvidada por lejana pero muy instructiva para entender lo que hoy estamos viviendo. Pone de ejemplo a Calígula que desarrolló a la perfección el concepto de demagogia que antes había acuñado Aristóteles. Llenó las despensas del pueblo de pan y practicaba el “pan y circo” para que la plebe disfrutara del presente sin pensar en el futuro. En poco tiempo quemó la herencia recibida de Tiberio (2.700 millones de sestercios, una fortuna) provocando un enorme déficit a las arcas públicas que solucionó buscando un culpable, en su caso la aristocracia, para ocultar su irresponsabilidad. Subidas masivas y brutales de impuestos y fusilamientos masivos trataron de acallar a un pueblo sometido y arruinado que no tenía recursos ni para pagar los exagerados impuestos del tirano. Si quieren conocer más de esta historia lean el libro de Jano García, merece mucho la pena. Estos presupuestos no son para celebrar porque nos hipotecan individual y colectivamente y ponen en jaque a España como nación en favor de cuitas separatistas que afilan sus dientes y zarpas para el ataque final, para la destrucción de una nación milenaria cuyo pueblo no parece consciente de los riesgos que corre, pero que sufre ya las colas del hambre, el paro, sobre todo juvenil y la redacción de una historia a la medida de Podemos, hasta el punto de llamar “hombre de paz” al terrorista Otegui y someter al olvido a Miguel Ángel Blanco, víctima inocente de los compañeros de Otegui. Está claro que el gobierno actual no estudió a Méndez Núñez y que prefieren barco sin honra. Poner en cuestión la Constitución, la Corona, la judicatura y ahora a los militares es un precio desproporcionado para sacar adelante unos presupuestos que nacen muertos, a la espera de 140.000 millones que han de llegar de Europa como maná y que, a lo peor, sirven para lo mismo que los millones de sestercios que Calígula dilapidó en un pueblo volcado con su populismo y demagogia pero que acabó pagando con sus vidas y su libertad. Tenemos pues presupuestos y problemas, muchos problemas….

Tenemos presupuestos y problemas