BAILADELAS

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En el Fórum Metropolitano, función sin numerar, la compañía Teatro do Antroido debutó con la obra “Bailadelas”, escrita por Roi Vidal sobre textos de Roberto Vidal Bolaño. Muy buena entrada para presenciar un espectáculo didáctico-dramático que transmite muchas claves del desaparecido autor, dirigido como incendio pasional, voraz e inextinguible por Xavier Estévez.
Cinco mujeres boloñesas sobre las tablas. Cinco perfiles distintos. Cinco perspectivas diferentes del alma femenina. Cinco cuadros escénicos para armar el puzzle “más difícil todavía”. Hijas de Eva extraídas de las mejores páginas del dramaturgo santiagués: “Laudamuco, señor de ningures” (Premio Abente 1976), “Bailadela na morte ditosa” (Premio Abente 1980), “Saxo tenor” (Premio Álvaro Cunqueiro 1991) y “Rastros e criaturas” (Premio Eixo Atlántico 2000 y Premio Max 2001).
El sentimiento más allá de la muerte. Será ceniza, pero polvo enamorado. También la lealtad como diálogo inarticulado para entenderse las almas. Tal la actriz Laura Ponte –magnífica, convincente, positiva– para interpretar los cinco monólogos. Dueña de la escena. Acariciada desde la noche del pasado por el compañero Roberto Vidal Bolaño cuando juntos iniciaron andadura con el Teatro do Antroido. Manteniendo su magia. Utilizando técnica prospectiva para adivinar el futuro. Sueños de llanto y tristeza. Alegrías y parabienes. La eclosión ante el triunfo dorado y la gloria alcanzada. Es el susurro del bosque druida, el paraíso celta con actores altivos en las jambas de la puerta para seguir trabajando en posición vertical con esfuerzo sin descanso. Una producción dramática “sui géneris” servida como ágape público de una efemérides ilustradora. ¿El teatro es una partida contra el tiempo dónde no es lícito echar el telón a la vida?

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