UNA COINCIDENCIA FATÍDICA

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La lluvia no es un fenómeno meteorológico inusual en A Coruña; al revés, lo extraño son los períodos tan secos como el que se ha vivido durante los últimos meses. Pero tampoco es habitual que el agua caiga con la intensidad con que lo hizo ayer, cuando, por ejemplo, en veinte minutos llegaron a registrarse otros tantos litros por metro cuadrado.  Esa circunstancia ya es de por sí misma suficiente para desencadenar el caos del tráfico, pero si se le añade la coincidencia con la pleamar el colapso es inevitable. Eso fue lo que ocurrió ayer por la tarde, cuando se inundaron calles, túneles, bajos, saltaron tapas de alcantarilla... con lo que la circulación se volvió prácticamente imposible y solo la calma de los automovilistas evitó unas consecuencias que podrían haber sido gravísimas. Ese comportamiento modélico de los coruñeses fue sin duda lo mejor de una jornada tan mala.

UNA COINCIDENCIA FATÍDICA