Algo esta pasando

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El ambiente está enrarecido, por momentos irrespirable. Cuando Franco murió apenas contaba con catorce años y parece lógico que no me enterara mucho de lo que pasaba, mi tiempo lo dedicaba a estudiar y a jugar. Las cosas de “los mayores “no preocupaban a los jovencitos y menos a los pequeños de aquellas familias numerosas que bastante teníamos con sobrevivir rodeados de hermanos mayores de los que se heredaban ropa y libros, pero con los que tampoco había mucha comunicación, eras el pequeño y punto. 
La mayor parte de las familias giraban entorno a la figura del padre como motor económico de la familia y de la madre que se dedicaba por entero a cuidar, vigilar, administrar y educar a los hijos. Eran tiempos en los que no se hablaba de política en los hogares, pero todos se conducían con un código que dibujaba los valores sociales a los que había que atender para llevar una vida ordenada camino del éxito futuro. 
Apartarse de esa hoja de ruta era peligroso porque no había alternativas. La verdad es que funcionaba, los jóvenes estudiábamos, íbamos al servicio militar y al regreso tocaba trabajar, muchos, en las mismas empresas que su padre, después llegaba el tiempo de pensar en formar una familia que reproduciría casi fotográficamente el esquema  que había conocido. 
Eran raros los casos de “ovejas negras “pero los había y sus resultados no solían ser buenos ni en los estudios ni en la vida en general. Con cierta crueldad eran el ejemplo que nos ponían para no seguir y la verdad es que muchos de ellos se acercaban a la zona oscura de la sociedad de la época, cayendo en trampas incipientes en aquellos tiempos que  les costó la vida, sin duda, por desconocimiento de los peligros de aquellas sustancias que se vendían como iconos de la libertad y de tiempos nuevos y que encontraban en la ignorancia su caldo de cultivo y que se le escapaba a las madres más abnegadas en el cuidado de su prole. Eran los tiempos del cambio de la dictadura a la democracia en los que se colaron conductas y sustancias nocivas que destruían vidas y hogares sin saber muy bien por qué. Así eran la mayoría de las familias españolas y el esquema funcionaba atendiendo, eso sí, a los tiempos que nos habían tocado vivir. 
Se destruía con rapidez toda una escala de valores y no se sustituía por otra, la sociedad veía con buenos ojos la ruptura con el pasado, pero olvidó construir otra escala de valores que, claramente distintos de los anteriores, hubiera sido herramienta útil en el proceso de socialización de la juventud que pasó de una vida “ordenada “a ocupar espacios de libertad sin límites ni conocimientos. Así se ha conformado en nuestro país una nueva mayoría. Ahora es fácil encontrarte con jóvenes que presumen de no haber leído un libro en su vida, la aparición de esa generación “ni-ni “que sabe de derechos, pero ignora todas las obligaciones. Las Tv emiten programas que se alejan de la cultura para instalarse en la impostura pero que tienen audiencias millonarias. 
Es como si las personas hubieran elegido entretenerse sin pensar, triunfar sin esfuerzo. Así es fácil encontrar a adolescentes que buscan popularidad a toda costa en realitys y a universitarios trabajando de camareros. La construcción de una nueva escala de valores es una emergencia social para la España democrática. Acordada, consensuada y respaldada por amplias mayorías y solo así podremos esperar resultados distintos. Habrá quien piense que no hay tiempo para esto entre el ruido, las confrontaciones y los enfrentamientos. Nada ayuda menos al progreso que una sociedad desordenada. 

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