De San Iker a San Fabricio

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Acabo de ver la exhibición del Barcelona ante el Bayern Múnich en el Camp Nou, con un Messi inmenso, y en el que no me pasó desapercibida la excepcional actuación del cancerbero alemán Neuer, auténtico prototipo de lo que debe ser un guardameta moderno, que sabe jugar, también, con los pies y convertirse en líbero cuando las necesidades del partido lo requieren. Y dentro de toda esa borrachera futbolística que se vivió en el templo blaugrana, me vinieron a la mente dos porteros de nuestra Liga: Iker Casillas y Fabricio. Uno, el madridista, al que en muchas veces hemos bautizado como San Iker por sus intervenciones salvadoras en su club y selección española. Y el otro, el deportivista Fabricio, al que muchos aficionados también han nominado ya como el auténtico hombre milagro blanquiazul defendiendo los colores del conjunto que ahora prepara Víctor Sánchez. Los dos tienen, salvando las distancias, muchas cosas en común.
Sobre el campeón del mundo, vive uno de los momentos más amargos de su carrera. Defenestrado por Mourinho, es muy posible que podamos estar viviendo el final de ciclo de un portero magistral  al que se le repudia en el mismísimo Santiago Bernabéu, donde se le acusa de no generar la suficiente confianza en sus compañeros de equipo. Aunque para otros, San Iker continúe siendo santo y seña del madridismo actual y futuro.
En cuando al guardameta del Deportivo, modelo de prudencia, personalidad y sacrificio a tener muy en cuenta, la confianza de sus compañeros y afición es total. El de Vecindario, que llegó al club en la campaña 2005/06, vino al mundo el último día de 1987. Debutó con el primer equipo el 13 de enero de 2008 de la mano de Lotina (después pasaría por el Huelva, Valladolid y Betis hasta que tras la marcha de Aranzubía volvió al Depor) y ahora se está convirtiendo en el paradigma a seguir por los aficionados.
Fabri, como le llaman sus compañeros, es el hombre clave por el cual  el Deportivo tiene todavía, a estas alturas de competición, posibilidades de mantener la categoría. Sus intervenciones han evitado la debacle en partidos donde se han sumado puntos muy valiosos que pueden suponer la salvación del club en una temporada que está resultando extremadamente angustiosa. Y para refrendarlo, el Depor tiene mañana en San Mamés un partido crucial para salvar la categoría. Como el de Riazor ante el Levante y, por último, en Barcelona, ante Messi y diez más. Habrá que encomendarse a San Fabricio. No tenemos alternativa.

De San Iker a San Fabricio