Un salvaje y 311 corruptos

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SI el mayor compromiso en el que se puede ver un coruñés es de tener que elegir entre entrar en A Coruña de noche o en el cielo de día, el de un filipino es el de escoger entre un presidente salvaje y un policía corrupto. Rodrigo Duterte, que es quien manda en el archipiélago, ha enviado a 311 agentes de dudosa conducta a una isla donde la costumbre es cortar cabezas. “Si sales vivo, puedes regresar”, le dijo a cada uno. Si llega a nacer en EEUU, acaba de director de Guantánamo.

 

Un salvaje y 311 corruptos