Galletas

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Me gustaría titular este artículo de la siguiente manera: “De cómo se deshacen los sueños en el fondo de una taza de café”. Las galletas Campurrianas ya no son lo mismo. Se evaporan a la primera inmersión que se hace o se volatilizan y no queda en el  fondo de la taza esa montaña de restos que luego te harán sudar.
Es como si estuvieran llenas de aire y que al contacto con el líquido explotasen como una burbuja de jabón. Recuerdo los desayunos de la infancia llenos de sudores ricos y con la taza rebosante de galletas que cundían.  
Pensé en la rentabilidad o que habían vendido las empresas a alguna compañía americana que deshaciéndose de empleados y rebajando la calidad las harían más beneficiosas para ellos a costa de nuestros sueños y como siempre de nuestra infancia. Así, rentabilidad e infancia devienen incompatibles o cualquier tiempo pasado fue mejor; aunque todos sabemos que no es así.
Esta galleta rústica  que antes con dos o tres desayunabas, ahora necesitas un ejército y es ese ejército el que nos deshaucia en nombre del capitalismo. “Cuan presto se va el placer como después de acordado da dolor…”.

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