ENTRE LA REALIDAD Y LA LÓGICA

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Desde hace tiempo la oposición le viene pidiendo al presidente de la Xunta un imposible: que en medio de una intensa y extensa crisis de alcance internacional haga de Galicia una isla donde bajen todos los malos indicadores económicos que mundo adelante suben.
Una y otra parte se reprochan la situación con un recital de datos estadísticos. Y así, mientras que para unos (PSdeG-PSOE) en estos cinco años de mandato de Núñez Feijóo el paro se ha incrementado en 120.000 personas y para otros (AGE) lo ha hecho en 189.000, el presidente alega que a pesar de todo la cifra gallega está cuatro puntos por debajo de la media española.
Como se sabe, las estadísticas unas veces te favorecen y en otras, no. Y “habelas, hailas” para todos los gustos. Por eso, sería aconsejable no sacar pecho con las positivas para que luego no te echen en cara las negativas. Y por eso también lo que procede es aceptar la realidad y la lógica.
Aceptar, por ejemplo, que si ni los españoles ni los europeos están mejor que hace cinco años, tampoco lo vamos a estar aquí. Aceptar que en una economía globalizada los grandes remedios sólo son planteables con eficacia desde grandes escenarios. Aceptar que, en medio de una crisis que sigue dejando muchas heridas abiertas, poco puede hacer para revertir la situación una comunidad como Galicia de economía precaria, de escasos recursos propios y de débil dinamismo empresarial.
Otra cosa es, como sugiere el presidente Feijóo, que hoy tengamos un futuro mejor que hace un quinquenio. Pero volvemos a lo mismo: un futuro mejor, sí, pero al igual que en España y en Europa. Desde nuestras latitudes algo se habrá contribuido a ello. Pero, como digo, en pequeña medida.
Claro que todavía los hay más atrevidos. Hay quienes no sólo quieren hacer de esta nuestra pobre economía regional una excepción mundial, sino que lo pretenden también hasta para la propia ciudad de A Coruña. Al menos así lo manifestó la secretaria general del PSdeG-PSOE local y portavoz municipal, Mar Barcón, en uno de los últimos desayunos organizados por la Asociación de la Prensa en el hotel Finisterre.
La dirigente socialista abundó en el incremento del paro en la ciudad, en la crisis del comercio y en la pérdida de todo tipo de prestaciones económicas para nueve mil coruñeses. Y como era de esperar, el alcalde Negreira resultaba ser el culpable de todos los males.
De su animosa intervención tal sólo podría salvarse la propuesta de “no olvidar a las personas” y de priorizar inversiones. A su juicio, el túnel de O Parrote bien podía esperar. ¿Aunque de una inversión productiva se trate desde ya mismo? La pregunta quedó en el aire.

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