EL RETORNO DEL CLASISMO

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El ministro de Educación, José Ignacio Wert, tiene previsto doblar las tasas de matriculación universitaria para el próximo curso. Esto quiere decir que las familias españolas se enfrentarán, en plena crisis económica, al desembolso de una media de 1.800 euros por matrícula, una cifra que, bajo cualquier perspectiva, es insostenible para la inmensa mayoría de la población de este país. La cuestión no se circunscribe tanto a conocer hasta qué punto las familias pueden asumir tal coste, como qué parámetros guían la gestión política del Ministerio a la hora de tomar tal decisión. Y es que es evidente que el sistema universitario del país adolece de múltiples problemas, pero también que cuestión irrenunciable de cualquier gestión política ha de ser, sobre todo en una materia tan básica e imprescindible como es la educativa, la de fomentar el libre acceso, en las mejores condiciones posibles, a la educación universitaria. Lo contrario tiene un solo nombre: clasismo.

Podemos pasar de un sistema abierto a otro que arrastre la selección natural que establece el grado de riqueza como elemento de partida...

 

Corremos así el grave riesgo de establecer, bajo el epígrafe del coste de las tasas universitarias, la restricción como elemento de sostenibilidad del sistema educativo y, lo que es más grave, que, como en tiempos pretéritos, solo quien tenga recursos económicos suficientes sea capaz de acceder a la formación superior. Si lo que se pretende es, por el contrario, mediante la restricción, “sanear” o “limpiar” el mapa universitario español –lo que ha generado en los últimos años debates continuados cuyo epicentro han sido Bolonia y la saturación de la oferta de titulados en un mercado incapaz de absorberlos–, corremos el riesgo de vulnerar uno de los principios básicos de nuestro sistema político y social, como es el del libre acceso a la educación. Desde el punto de vista puramente económico, es decir desde la perspectiva de ayudar al propio sistema formativo a su mantenimiento, sucede otro tanto, porque lo que el Estado debe garantizar, aun a costa de las limitaciones que imponen lo hechos y las circunstancias, sigue siendo pleno acceso al sistema. La situación se ve agravada además por el ya anunciado recorte en materia de becas.

Podemos pasar así de hacer partícipe al conjunto de la sociedad española, sea cual sea la procedencia social, de un sistema abierto, a otro que arrastre la selección natural que establece el grado de la riqueza como elemento de partida del futuro académico y formativo del país. Por no mencionar las restricciones que ya de por sí determina el expediente académico del alumnado, sujeto en muchos casos a la propia capacidad individual ante determinados ámbitos de la educación.

El clasismo, tan supuestamente, o imaginativamente al menos, superado desde hace décadas, parece ahora retornar bajo el epígrafe de los recortes presupuestarios. Otra mención requeriría la decisión de incrementar el número de alumnos por clase, que también juega en contra.

EL RETORNO DEL CLASISMO