ADN antropomorfista

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En el Rosalía, ciclo principal, dos representaciones con llenos absolutos, Kamikaze Producciones estrenó “Juicio a una zorra”, texto y dirección escénica de Miguel del Arco. Telón alzado, fondo oscuro, mesa alargada sobre una pequeña tarima con vasos y botellas. Buenos iluminación, sonido, música y efectos especiales convergentes para el análisis de una heroína vilipendiada. Un juzgado popular –el público existente– debatirá sobre la culpabilidad o inocencia de Helena de Troya, aquella miss universo de la antigüedad que prendida de Paris provocó la más famosa guerra.

No se trata de juzgar a tan astuto animal, sino de escuchar el alegato de la protagonista –muy bien encarnada por ese frenesí que Carmen Machi imprime a deseos y emociones– sola en su elocuencia. Es el ADN oral. La palabra, poderosa y soberna que, pese a su pequeño o invisible cuerpo, alcanza nuestra línea de flotación. No hay vileza en la conducta de la esposa raptada. Únicamente aceptación del destino y de entrega. Lance aprovechado para fustigar a la mitología griega, encabezada por Zeus, y todos los dioses habidos y por haber de otros credos. Sin que por ello podamos olvidar que la religión de Homero era antropomórfica y sus divinidades tenían formas y cualidades humanas.

Ahí centra su defensa la bellísima muchacha –ya en el ocaso de su hermosura por el paso del tiempo– para defender un pacifismo integrador de las interrelaciones humanas siempre sacudidas y rotas por unas guerras desoladoras. Antibelicismo. Amor. Comprensión. Afecto. Libertad. Cordura. Sensatez. Justicia. Ecuánime libertad. La eternidad –conforme concluye la monologuista– está enamorada de los frutos del tiempo. Helena de Esparta se desenvuelve en una atmósfera densa mientras trasiega vino que mezcla con droga egipcia y muestra alma infantil al confesar su afecto a Paris. Una artista conmovedora en el cenit de su carrera.

ADN antropomorfista