Rebobinemos compañeros

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esde la última vez que levantamos la persiana hasta hoy, nos ha caído la del pulpo: la fuga del emérito, el rebrote de la pandemia, la aparición de los negacionistas, pues el virus coronado es cosa do demo, de Podemos o de Bill Gate, y lo del Depor que es cosa de un tal Tebas. 
Yo creo que es el momento de reflexionar. Y es que de todo esto hay mucho aun que descubrir. Del real asunto a que nos referíamos al principio recordemos que mientras unos hablan de huida sin más, los ex republicanos, hoy juancarlistas, afirman que se trata de unas vacaciones. Para el actual monarca el asunto parece claro: le retira los cuartos, echa de Zarzuela y rechaza su herencia. Los columnistas más `piadosos piden que se repase el catecismo: confesión, propósito de enmienda y penitencia –devolver los cuartos– para llegar así al paraíso después de su paso por los emiratos árabes.
El brote del coronavirus –peleas aparte entre expertos, opinadores y políticos– suma y sigue. Desde la demagogia aparecen las noticias falsas para crear división y convertirlas en críticas. En esta atmósfera febril aparece internet como la biblia y la verdad es oculta entre tanta miseria. A los fallos y errores de ayer hay añadir que hoy el problema somos los ciudadanos: fiestas, botellón, indolencia, negación de la realidad e inconsciencia. Pasamos de aplaudir a los sanitarios a dar un corte de manga a nuestros conciudadanos que cumplen las normas y respetan las indicaciones de los expertos. No ayuda el señor juez que sitúa el derecho a fumar al nivel del derecho a la vivienda. 
Y alrededor de este dislate, aparece otra vez la Fundación San Rosendo, que regenta varias residencias geriátricas, una en O Incio hoy investigada. Y es que su fundador, el cura Benigno Moure, fue condenado a cinco años de cárcel por apropiación indebida continuada por robar seiscientos mil euros a una anciana con alzheimer. A pesar de la sentencia en firme, la Diócesis de Ourense y el Partido Popular convocaron una manifestación para que no ingresara en prisión. Y casi lo consiguen pues solo pasó dos meses en prisión. El sobrino de la mujer estafada pidió, sin éxito, que le retiraran las distinciones concedidas durante el gobierno de Fraga, entre ellas la medalla Castelao. Veremos que nos ofrece ahora el presente conociendo lo que “nos dejó” el pasado.

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