Vuelta a la anormadidad

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nunca entendí el mensaje de los políticos cuando nos hablaban –pandemia en medio– de nuestra vuelta a la normalidad cuando todo es distinto y, ay, peor. Estrenamos septiembre que es un mes conocido en el refranero por esto de “a septiembre tendrás por bueno si del uno al treinta pasa sereno”.  
Pero salimos a la calle ya nos encontramos con la anormalidad de una ciudad llena de cemento y “pedrolos”; con unas aceras donde entre las terrazas, los patinetes, el perrito con el collar extensible y  las bicis que pueden ir por dónde van los peatones y además  circular en competencia con los coches según convenga. Hay normas,  letreros,  que obligan a circular a diez km cuando comparten el  territorio de los peatones y que son un adorno al igual que la señal que obliga a respetar a los  vehículos circular a  treinta por hora por las calles,  las normas que regulan la carga y descarga de mercancías.
Llame usted a un guardia, me dirá alguno de los lectores que se asoman a este balcón. Y mi  respuesta es ¿pero hay guardias? Según contó la alcaldesa hace días en la radio “setenta tomaron la zona de copas para impedir un botellón…” y en la misma emisora, a través de un representante de los municipales, escuchamos  que los agentes eran diecisiete y que no hay setenta en las calles,  pues no se convocan  plazas desde hace tiempo ni se cubren las bajas por jubilación. O sea que no hay policía municipal.  
Así pues vivimos en una anormalidad a la que a nadie le gusta. Otro ejemplo nos lo ofrecen  los ciclistas quejándose del carrilbici de la ronda de Nelle A la vez que los peatones se quejan del asalto a las aceras (El Ideal, 15 de agosto). 
Se une a ellas el presidente de la Asociación de ciclistas Crunia.Asi que anormalidad total  por lo que se ve y oye. Tampoco se entiende muy bien que se pueda ir  uno a tomarse un refresco o una copa,  respetando las normas “anti-pandemia“,  y cierren los centros público y para ir a las bibliotecas municipales hay que avisar con antelación, cuando en el supermercado  guardas la distancia social y a por las viandas sin otro problema que el alza de los precios. 
Hay colegio pero Hacienda cierra la puerta. Así que de normalidad nada. Vivimos una época de anormalidad que  tiene su reflejo en la anormalidad con que nos tratan nuestros mandatarios.    

Vuelta a la anormadidad