Es tiempo de Navidad

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Es tiempo de villancicos, de fiestas, de comilonas, de rascarse el bolsillo, de loterías, de regalos… toca a Navidad. Estas fiestas son cálidas y repletas de tradiciones. Es una fiesta compartida. Es una celebración especial para cada persona. Tal vez a algunos les recuerde a las vacaciones o el descanso. Para otros tendrá relación con la iluminación y las decoraciones. Los niños, aunque ya soy abuelo me considero uno más, la relacionan con regalos y para otros es una oportunidad de ver a familiares y amigos y de recordar a las personas queridas que ya no están entre nosotros. Es tiempo en el que deberíamos tener espíritu navideño que nos hace mejores personas. Como si todo a nuestro alrededor fuera más suave, hermoso y tierno.
Pero poco tienen de dulce para otros tantos. Hace tiempo que no me siento cómodo en estas fechas, con tantas odas a la “felicidad” en formato publicitario, tanto “amor” empaquetado con lazo de raso. Siempre me ha dado y me da por pensar, se notan los años, en aquellos que no tienen nada o a nadie con quien celebrar estas fechas que poco tienen que ver con un tierno Papá Noel y que más bien se nos asemejan a un joker malvado y sin escrúpulos abandonados a un destino espantosamente incierto.
Por lo demás, me cuesta comprender que con la que está cayendo, sigamos alimentando una fiesta que, fuera del ámbito anteriormente referido, es el gasto desaforado por tener. Y en raras ocasiones, por ser, dentro de un sistema que se sigue mostrando corruptible y corrupto, egoísta y ególatra, ambicioso y vanidoso. Puede ser el momento de demostrar a esa mano negra que nos maneja que no nos vamos a dejar embaucar por los cantos de sirena de nuestros gobernantes, que dicen que esto de la crisis comienza a ser historia.
Son muchos los que siguen cayendo: despidos, desahucios, recortes, estafas, reformas, paro, jóvenes que tienen que emigrar, estudiantes que no pueden continuar con su aprendizaje… políticos que se pierden en discusiones baratas y promesas incumplidas. Les interesa tenernos distraídos, entretenidos con regalos, lucecitas, ropas, comidas, bebidas… Se dice que es bueno que el dinero circule. ¿Pero qué dinero? Alguien dijo alguna vez que “cuando la limosna es grande, hasta el santo se mosquea”. Y no es una cuestión baladí. Por tanto, estas fiestas, ya que hay que vivirlas sí o sí, mejor aprovecharlas para intentar olvidar penas. Que ustedes las disfruten.

Es tiempo de Navidad