RITA MAESTRE, HOMA MENSORA

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La gente prejuzga en exceso. A fin de cuentas Rita Maestre, concejala de Madrid amparada por la alcaldesa jueza Manuela Carmena y su corte ruidosa de libertades de expresión, tan solo ha sido frívola al delinquir contra los sentimientos religiosos de conciudadanos carcas y fachas. ¿Dónde colisiona el Derecho –con mayúscula– y la opinión individual? Una vuelta por las playas nudistas demostraría a la grey de fieles timoratos lo lejos que están de las tetas y su imperio multisecular. Porque en ningún momento –bajo la manta zamorana de una vieja magistrada y sus catorce alguaciles anticlericales, agnósticos y ateos– Rita Maestre pretendió molestar a nadie. Únicamente siguió la pauta de sus compañeros Guillermo Zapata y Celia Mayer –que marcan los círculos de intercomunicación religiosa decimonónica a nivel de capilla universitaria– mientras ella leía el poema “Eucarística” de José María Pemán o en transposición ascética imploraba: “Ven muerte tan escondida”.
Analicemos. En el juicio, atribulaba, triste, arrepentida, con semblante de no haber roto un plato en su vida. Guardándose el orgullo y la dignidad. Más tarde –rueda de prensa– desafiadora, mesiánica, antisistema. Pasada de revoluciones y apretando rabiosa el acelerador. A continuación axioma de templanza. La hombra (no quiero ser tachado de machista) es la medida de todas las cosas, de las que son en aquello que son, y de las que no son en aquello que no son. Puro relativismo llevado a sus últimas consecuencias. Nada es verdadero ni falso. Todo depende del enfoque particular. Por eso puedo ser hombre o hombra, ver los objetivos así o asá, bajo una misma temperatura sentir calores diferentes. Dialéctica, Razones y contrarrazones. Ecuánime y desequilibrada. Deshonesta y virginal. Agnóstica y creyente. Miedosa y heroica. Sin embargo, un interrogante al aire: ¿Rita Maestre osaría profanar una sinagoga judía, una pagoda hindú o una mezquita blasfemando contra Alá?

RITA MAESTRE, HOMA MENSORA