EL ENFERMO DOLIENTE

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Dos asuntos requieren la atención urgente de politólogos, comentaristas de programas del corazón y otras faunas: el asunto del repago, que, según la política mariana, no lo es, sino un favor para evitar que aumenten los hipocondríacos y el arrepentimiento de nuestro director-general que tanto dinero nos cuesta.

Tratemos las cosas como son. Nuestro director-gerente se fue a cazar gamusinos al otro lado del mundo rodeado de esforzados guardias de seguridad, que pagamos nosotros; con un médico que también pagamos –al igual que ahora las medicinas los jubilados–, una rubia y otros señores que no sabemos si nos salen gratis.

¿Las medicinas no forman parte del capítulo sanitario? ¡Pues que las vendan en los clubes de alterne!



Nos lo devuelven lleno de mataduras y, una vez curado, va y dice que “lo siente y no lo volverá a hacer”. La primera pregunta, como la que nos hacía a nosotros de críos, es ¿cuántas veces, tío? Eso: cuantas veces te fuiste de juerga con los amigotes y las rubias, a nuestra cuenta.

Vale, te perdonamos, pero no lo vuelvas a hacer, que cuesta una pasta y ya estamos hasta la coronilla con el asunto del repago: entre los 8 y los 18 euros para los jubilados que, aunque el Gobierno –con una cara que se la pisa– diga que no es un recorte sino un reajuste, supone que perdemos ese dinero al mes… dinero al que debemos añadir el céntimo de la gasolina, las pelas que se lleva Hacienda.

Pagamos, además, por estar mal atendidos: este año las reclamaciones al Sergas se dispararon un 70 por ciento y la lista de espera es la peor de los últimos seis años.

Además, el informe del Defensor del Paciente alerta del aumento de las negligencias médicas que, “mecachis en la mar”, en una liguilla de perjudicados, está A Coruña liderando la lista, aumentó de manera espectacular.

Y todo eso se oficializó el miércoles, por la ministra del ramo y sus cómplices necesarios, diciendo a coro que las medicinas no son copago sanitario. ¿Qué coño pasa? ¿Las medicinas no forman parte del capítulo sanitario? ¡Pues que las vendan en los clubes de alterne!

Unos y otros ofenden nuestra inteligencia: la primera parte contratante de esta crónica tiene una larga historia que no se perdona con un “lo siento” y dos padrenuestros. Y a los de Mariano, mentirosos compulsivos, no los perdonaremos jamás.

EL ENFERMO DOLIENTE