Cambio de socio en Madrid

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Tengo para mí que Cataluña y País Vasco son dos territorios imposibles para las fuerzas políticas no nacionalistas. Del primero ya dijo Ortega cuando en 1932 se debatía en las Cortes el Estatuto de autonomía que sólo podíamos a aspirar a “conllevar” el problema catalán. Y del segundo podríamos predicar un poco lo mismo, aunque éste al menos practica un silencio menos cargante.

Por eso, los líderes regionales de partidos de ámbito estatal no ganan para disgustos en aquellos enclaves. Apenas cuentan para nada y las derrotas electorales caen sobre sus espaldas una tras otra. El presidente del PP en el País Vasco, Antonio Basagoiti, acaba de sufrir un duro varapalo y a la catalana Alicia Sánchez Camacho le espera dentro de poco algo muy parecido.

No obstante, en el caso del PP vasco lo más grave no es haber pasado de 320.000 votos y 19 escaños del año 2001 a los 130.000 y 10 escaños de ahora. Lo más grave no es haber pasado de ser la segunda fuerza política en aquella comunidad a ser la cuarta. Lo más grave no es haber pasado de dominar Alava a perderla con estruendo.

Lo más grave es, a juicio de muchos, el vaciamiento que Basagoiti y su equipo, con el respaldo de los órganos centrales en Madrid -Mariano Rajoy incluido- han hecho de las principales referencias, de los grandes pesos pesados del partido en aquella comunidad. Una limpieza que ha conducido a la irrelevancia.

No es fácil ni mucho menos pelear electoralmente allí. Después de las elecciones de 2009 Basagoiti pudo presumir de ser “imprescindible” para la formación del Gobierno que allí se gestó, apoyando desde fuera al Partido Socialista de Patxi López. Pero hoy el líder del PP vasco no puede alardear de nada.

Sin embargo, no todo serán desgracias. En el nuevo escenario político, tal vez el Partido Popular en el País Vasco pueda sacar algún fruto de que el Partido Nacionalista Vasco llegará a ser el nuevo aliado del Gobierno central, en sustitución del levantisco e insufrible Artur Mas. Por lo dicho a lo largo de la campaña, el PNV estaría más empeñado desde el poder por dar salidas a la crisis económica –al menos en el corto plazo– que por cuestiones identitarias. Y en ese ámbito las posturas de ambas partes podrían no estar muy alejadas.

Habrá que tener en cuenta además que el PNV habrá de negociar con Madrid una vital nueva ley del Cupo –el ajuste de cuentas económicas entre una y otra parte–, obligada porque la actualmente vigente se encuentra prorrogada desde comienzos de año. En consecuencia, es de pensar en buena lógica que el nuevo Ejecutivo vasco va a estar muy interesado en mantener relaciones fluidas con el partido y el Gobierno de Mariano Rajoy.

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