Consensos

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Historiadores y académicos coinciden en que la Constitución de 1978 fue la primera en nuestra Historia que no expresaría la voluntad de una mayoría de partido o de partidos, sino el acuerdo entre la práctica totalidad de las fuerzas del Parlamento. Es decir, y para el caso, en las Cortes constituyentes que se abrieron en España tras las elecciones generales de 1977.
Ese fue –se ha dicho– el mérito y la novedad de un texto que, con los inevitables desajustes y disfunciones derivados del paso del tiempo, ha llegado hasta nuestros días en aceptable nivel de utilidad. Y así fue visualizado –habría que añadir– por la opinión pública, lo que proporcionó a la generalizada sintonía parlamentaria un plus de fuerza y cohesión.
La opinión pública entendió y asumió que unos y otros habían cedido o renunciado a algo importante para cada uno de ellos: forma de Estado, estructura territorial, modelo educativo, encaje la Iglesia católica, sistema electoral y otras grandes cuestiones. En definitiva, entendió y asumió un consenso que le había sido debidamente explicado.
Así las cosas, me pregunto si en estos nuestros días en que tanto se trabaja en pactos y acuerdos está llegando a la opinión pública la razón de cuantos van cristalizando. No digo que las negociaciones no hayan de ir acompañadas de una cierta discreción. Pero de cara al ciudadano de a pie se echa de menos una mucho mayor justificación de lo acordado.
Si Gobierno y PP pensaban ya que el convenio con Ciudadanos iba a servir para muy poco porque en su voluntad estaba entenderse preferentemente con el Partido Socialista, cabe justificar la firma del mismo, aunque dé la impresión de que Gobierno y PP se habrían pillado los dedos más de lo razonable.
Mucho más difícil de entender es el primer gran acuerdo económico cerrado con el Partido Socialista, habida cuenta del golpe impositivo que supone para la gran empresa, el empleo, la consolidación económica y para el contribuyente. Todo ello, además, muy en contra de las posiciones programáticas de Gobierno y PP. No se entiende tampoco cómo va a ser posible cuadrar el aumento del gasto que implica con las no pequeñas exigencias a la baja por parte de la UE. Y, además, no sólo no actuando contra el gasto de las grandes gastadoras que son las comunidades autónomas, sino autorizándoles a gastar más.
¿En qué han cedido una y otra parte para así poder dar por bueno tal consenso? O lo explican mejor o la sensación que ha quedado y quedará es que Rajoy se ha vuelto a estrenar con otra subida de impuestos y que en este primer envite el PSOE se ha llevado el gato al agua.

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