EN POLÍTICA HAY QUE ANTICIPARSE

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En política hay que adelantarse a los acontecimientos, no sólo porque “vale más prevenir que curar”, sino porque “el que da primero, da dos veces”. Además, llevar la iniciativa es siempre más favorable.
Ir por delante y no a remolque de los acontecimientos es un seguro para no incurrir en improvisación. De esa manera se evita tener que adoptar soluciones urgentes y precipitadas, de menor eficacia y más costosas que las que se producirían si se hubiesen previsto con anterioridad. Prevenir los problemas, al igual que el diagnóstico precoz, permite aplicar con más garantía el tratamiento adecuado.
Las alarmas deben preceder al peligro, como las sirenas al ataque; pero no a la inversa. El anuncio de cualquier riesgo o peligro debe pasar por las fases sucesivas de aviso, alerta y alarma, sin llegar a la última, cuando cualquiera de las anteriores sea suficiente. Con respecto del aviso, se dice que “el que avisa no es traidor” por la sencilla razón de que el traidor siempre actúa sin previo aviso.
La anticipación es prenda de políticos expertos y avezados que detectan con antelación suficiente la inminencia del riesgo, permitiendo acometer con tiempo las medidas idóneas para conjurarlo o combatirlo. Si los problemas nos sorprenden, la capacidad de reacción para afrontarlos es mínima o reducida.
Los políticos deben avizorar a distancia las necesidades de los ciudadanos para mejor satisfacerlas y resolverlas.
Actuar “a toro pasado” es fácil pues supone colocarse fuera de peligro. Pero el político debe “coger el toro por los cuernos” y no refugiarse en el burladero.
Es cierto que en el ruedo ibérico hay actualmente toros que exigen una lidia con mucho temple y maestría; pero los políticos auténticos, como los buenos toreros, se prueban en las dificultades y no cuando navegan a favor del viento. El político  no debe conformarse con el mal menor de que “más vale tarde que nunca”, pues en política es tan importante la prudencia como el sentido de la oportunidad.
No es aconsejable el conformismo de “verlas venir”. Actuar con prontitud y en el momento adecuado, resulta muchas veces avalado por el aforismo jurídico “prior in tempore potior in iure”, el primero en el tiempo es el más fuerte en el derecho.
El político que actúa a destiempo merece el reproche de la sociedad reflejado, despectivamente, en la expresión “a buenas horas mangas verdes”.
Anticiparse es, finalmente, llegar antes de que se produzca el suceso y eso, al igual que en la información privilegiada, es una gran ventaja para actuar con conocimiento de causa y garantía de éxito.

EN POLÍTICA HAY QUE ANTICIPARSE