MARACANAZO EN ANDALUCÍA

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En el año 1950, tuvo lugar en Brasil el Mundial de fútbol. El anfitrión era el gran favorito. Tenía una escuadra formidable, una afición que se iba a volcar con su equipo y un estadio, el de Maracaná, que era el mayor del mundo. Cualquier otra cosa que no fuese que el torneo acabase con victoria carioca se antojaba imposible, y al que opinase lo contrario se le tomaba por antipatriota o por loco.

La euforia creció y con ella, el exceso de confianza. Las celebraciones se empezaron a preparar desde muchos meses antes de llegar la cita. La prensa forofa alimentaba y calentaba ese ambiente triunfalista. Todo fue bien hasta el último partido. Ahí surgió un equipo uruguayo que no estaba dispuesto a ser un convidado de piedra. Resulta que los charrúas no eran mancos. En realidad eran un rival formidable al que se estaba infravalorando y además, al contrario que los brasileños, ya habían sido campeones del mundo anteriormente. Pero incluso ese día empezó la cosa bien, la verde amarela se adelantó en el marcador. 1-0 minuto 47 gol de Friaça.

Las primeras sonrisas aparecían y la cosa pintaba bien. L@s israelitas, uy perdón!!, l@s brasileñ@s anunciaban la fiesta. Sin embargo los uruguayos, tirando de garra, de orgullo y de “oficio”, le dieron la vuelta al partido. Acabaron ganando 2 a 1 y tornaron en lágrimas lo que poco antes eran sonrisas. Desde entonces, se conoce a este tipo de fiascos como “Maracanazos”. Pero a tenor de lo visto últimamente, no son exclusivos del ámbito deportivo. Se dan también en la política. Moraleja, “los partidos se ganan en el campo y las elecciones en las urnas”.

MARACANAZO EN ANDALUCÍA