Sánchez comparece

|

Después del Consejo de Ministros de este martes, comparecencia del presidente del Gobierno a modo de balance de su primer año al frente del Gobierno de coalición con Unidas Podemos. Un año marcado por los efectos de la pandemia en la salud y en el bolsillo de los españoles. Y de ahí que las dos grandes referencias de su discurso serán la recién iniciada campaña de vacunación y el uso de los fondos de recuperación europeos.

Los fondos han de pasar el filtro de Bruselas cuando en febrero el Gobierno envíe a Bruselas el correspondiente plan de reformas. Y en cuanto a vacunación, se prevé la llamada inmunidad de rebaño (70% de la población vacunada) a principios del verano.

La “rendición de cuentas” de Sánchez, después de su cuarentena, estará dirigida al conjunto de la ciudadanía, explican en Moncloa. Pero serán los periodistas en turno de preguntas los que bajarán la pelota al suelo, para que no todo quede iluminado por la exclusiva luz de la propaganda y el voluntarismo. Así entraremos también en zonas de sombra resultantes de cruzar el “Acuerdo de coalición progresista” (PSOE-UP) con la realidad.

La realidad es el malestar socialista con los ministros liderados por el vicepresidente Iglesias, el difícil encaje de las pretensiones de UP en la horma de la UE, los climas guerracivilistas en la política de bloques, las colas del hambre, la desconfianza de los ciudadanos en su clase dirigente, la pérdida de peso de España en la comunidad internacional. Demasiados frentes abiertos como para ser indulgentes con el relato de Sánchez y sus profecías sobre el fin de la pesadilla. O la política de gestos, como su disposición a vacunarse en público, según dijo a primeros de diciembre en la tele, para dar ejemplo y convencer a los reticentes.

En cuanto al poder de partir y repartir fondos de recuperación de la UE, no olvidemos la condicionalidad impuesta por el acreedor. Expansionismo no es barra libre en el gasto. Ayudas por reformas incompatibles con el catecismo ideológico de Podemos, que nos remiten al incierto futuro de la coalición PSOE-UP, cuando las pruebas de resistencia más duras están por llegar.

Al fondo, la larvada batalla por el bisagrismo. La va ganando UP porque está en posiciones de poder. Pero la perderá si el PSOE asume la ya muy extendida sed de centralidad del votante. De ahí los denodados esfuerzos de Iglesias por confinar a Ciudadanos en la foto de Colón.

La carta de la ambivalencia de Arrimadas, a derecha e izquierda, no la puede jugar Iglesias, condenado a consolidarse como partido escolta del PSOE o convertirse en irrelevante compañero de viaje de las marginales fuerzas “republicanas” y “plurinacionales” que viene alimentando en perjuicio de sus propios intereses.

Sánchez comparece