Cumbres borrar-cosas

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El president Mas va por la segunda cumbre anticorrupción sin excesivo éxito a juzgar por ese sucedáneo de guerra fría por el Método-3 del espionaje de partido a cargo de la administración. De todos modos, encumbrar la corrupción es bueno si se trata, claro está, de hacer cima en el sucio picacho en que se origina y desde allí comenzar a demolerla. Para esa misión, se ha rodeado de un reducido pero selecto grupo de autoridades, por lo angosto de su naturaleza quizá.

Lejos de la ironía, cabe preguntarse por qué es invitado o llamado el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y el fiscal jefe de la comunidad autónoma: ¿Acuden a asesorar o a ser asesorados?, ¿a ser informados o a informar?, ¿a aconsejar o a ser aconsejados? Planteo la cuestión por mero aseo democrático, hay imputados de su partido.

Razón por la que no deberían asistir a una cumbre de cielo raso y puerta cerrada, porque ambos, especialmente el presidente del máximo órgano judicial ha de respirar soberanía y donde más puro es el aire que la anima es en la independencia que le confiere la necesaria separación de poderes.

Estas cuestiones se deben tratar en el Parlamento, ese es el lugar cumbre donde castigarse proponiendo, debatiendo y dictando normas legales capaces, sino de ponerle freno, sí de acabar con la impunidad. Estas cumbres más parecen laberínticas y subterráneas cloacas donde extraviar la responsabilidad que les exige: comenzar por ser críticos con ellos mismos y su ética política y de gobierno.

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