La cárcel de papel

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La Codorniz, aquel semanario de humor que alegraba los días a muchos españoles en unos tiempos políticos y económicos tan o más difíciles que estos que estamos viviendo, tenía una sección titulada “La cárcel de papel” a la que iban a parar políticos, empresarios, escritores y otros personajes públicos de la época, declarados “culpables” por alguna manifestación inoportuna o impertinente.

Rescato del recuerdo aquellas páginas de “la revista más audaz para el lector más inteligente” a propósito de las “confidencias” que el presidente de la patronal hizo hace unos días en un encuentro con periodistas. Juan Rosell entró como elefante en una cacharrería y de entrada, además de arremeter contra los funcionarios, descalificó al Instituto Nacional de Estadística y sus cálculos de las cifras de paro.

En España, dijo, las estadísticas son “complicadas, ineficientes y malas”. La Encuesta de Población Activa (EPA) de los seis millones de parados –la UE eleva la cifra a 6,5 millones para este año– no es verdad porque “hay muchos que no tienen intención de trabajar y se apuntan”. Estas palabras le valieron a Rosell la “reclusión” en la imaginaria cárcel de papel por parte de la ortodoxia –economistas y expertos en el mercado laboral– que consideran que la EPA es la mejor radiografía del paro.

Pero hay mucha gente que coincide con las opiniones del presidente de los empresarios en que el número oficial de parados no es real y apoyan su afirmación en dos premisas. La primera, que si aquí hubiera tantos parados “reales” estarían pasando hambre millones de familias, que es el mejor caldo de cultivo para un estallido social, que por ahora no se produjo.

La segunda es la constatación empírica de la cantidad de empleos que absorbe la economía sumergida, que se estima está cercana al 25 por ciento del Producto Interior Bruto. Y son muchos y conocidos los ejemplos de empleo sumergido en empresas de todos los sectores, gallegas y del resto de España, que incorporan a sus trabajos a personas apuntadas al paro.

Por tanto, puede que Juan Rosell tenga razón al dudar de las cifras oficiales del paro, algo de esto debe saber. Porque la economía y el empleo sumergidos existen y ya va siendo hora de que el Gobierno expurgue las listas y empiece a combatir y aflorar esta realidad oculta. Para sacar de dudas al presidente de la patronal y, sobre todo, para nutrir las depauperadas arcas del Estado en beneficio de todos.

La cárcel de papel