Cataluña no es Escocia, pero...

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No sólo Gran Bretaña tendrá el jueves muy fijos los ojos en el referéndum por el que Escocia decidirá si se convierte en país independiente. Se trata de la primera consulta de este nivel que se celebra en Europa sobre la secesión de una región; algo, por tanto, que ha suscitado el máximo interés político por el precedente que ya de entrada supone y por las consecuencias de todo orden que puede desencadenar allá, aquí y en todo el continente en el supuesto de que la opción independentista terminara por imponerse.
Si ya una mera encuesta que ha reflejado un eventual corto triunfo del “sí” ha provocado no pequeñas reacciones en las cotizaciones bursátiles, en los mercados de deuda, en los movimientos de capitales y en las paridades monetarias, es fácil imaginar lo que sucedería si, como digo, Escocia al final se convierte en nación soberana.
Y no sólo en el ámbito económico. En pleno auge de los nacionalismos, el efecto dominó en Europa podría ser harto significativo. Empezando y sin ir muy lejos por Irlanda del Norte, que siempre ha tenido a sus vecinos escoceses como espejo y patrón. Si cae Escocia –se ha dicho–, Cataluña está perdida; Flandes vendría después; la Padania italiana reforzaría su posición y en la Europa oriental el caos sería total.
Por eso, a todos los niveles cada vez se entiende menos el pacto a que llegó, va a hacer ahora dos años, el primer ministro británico, David Cameron, con su homólogo escocés, Alex Salmond, para la celebración del referéndum de marras. No es de extrañar, pues, que la propia reina Isabel II se sienta en privado “horrorizada” por la situación y que a Cameron se le considere poco menos que un irresponsable.
Por lo que aquí toca, el independentismo catalán estará más que pendiente de lo que allá suceda. En realidad, ya lo viene estando –e instrumentalizándolo– desde hace algún tiempo.
Es consciente de que una situación y otra no tienen nada que ver. Pero es indudable que un voto a favor del “sí” al otro lado del Canal impulsaría, como apunto, la ofensiva catalana, reforzaría la legitimidad de su empeño e ilustraría sobre cómo podría llevarse a cabo el proceso.
En cualquier caso y sea cual fuere el resultado, el mero hecho de que los escoceses hayan tenido la oportunidad de decidir su futuro fuera del Reino Unido y que aquí no vaya a ser posible algo similar, se le antojará al catalanismo todo como un nuevo agravio a sumar a los muchos que tiene por padecidos. Y al independentismo, a mayores, como un punto de apoyo para ulteriores intentonas. El camino ganado se podrá de momento detener o cortar, pero no desaparecer. Les va la vida en ello.

Cataluña no es Escocia, pero...