La respuesta al ¿por qué?

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MOURINHO –con “nh”, que en la fala de la otra orilla del Minho quiere decir persona asalvallada, por contraposición a Mouriño con “ñ”, que en la fala de un poco más arriba quiere decir persona cabal–se disfrazó un día de Calimero y compareció en la sala de prensa del Bernabéu. El Madrid acababa de perder con el Barcelona por 0-2 y el portugués echó una llorada de las que hacen época. “¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?”, se preguntó repetidamente demandando una explicación a tantos agravios como los que sufría su equipo. La ministra de Hacienda, Montero –que no Montoro– recreó ayer al entrenador portugués y se dedicó a lanzar los “¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?” al aire en el Congreso. La Cámara acaba de rechazar su propuesta de elevar el techo de gasto y ella no lo entendía. Pues muy fácil: porque cuando se gobierna –mejor dicho, se quiere gobernar– con solo 84 diputados y ni Podemos ni los independentistas apoyan las propuestas, uno se las come con patatas. Eso fue lo que ocurrió. Por cierto, buen provecho. 

La respuesta al ¿por qué?