EL OTOÑO DE ADA COLAU

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En verano, Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, tomó la decisión de paralizar la construcción de nuevos alojamientos turísticos por el plazo mínimo de un año. La moratoria cosechó adhesiones y críticas. Otros vieron en la medida la necesidad de comenzar a hacerse visible en las tareas de gobierno. La decisión frenó y dejó en suspenso una inversión que rondaba los 360 millones de euros.
La nueva política, parece decirnos, no va a tener contemplación con el vil metal y sus intereses, su única preocupación va a ser el ciudadano y los espacios que este ocupa y disfruta. La idea de deshacer lo hecho por los anteriores gobernantes es práctica veterana entre la vieja clase política, donde la primera acción de gobierno es deshacer lo hecho por el anterior, para seguidamente hacer todo aquello que permita al siguiente hacerlo mismo. En ese consiste el perverso juego y así lo entendemos en nuestra inocencia democrática.
La cuestión vista con ojos más críticos nos pone en la pista de la sospecha de que solo buscan ser ellos quienes negocien y redacten los nuevos contratos. Es decir, nuevas oportunidades de morder sobre la mordida. En otoño, Ada, la nueva, se desdice y autoriza la construcción de al menos catorce hoteles. Parece ser que algunos tenían ya concedida la licencia municipal y no podía paralizarse su construcción. Esa es, al parecer, entre otras de similar catadura, las razones por las que la joven política actúa como la vieja.

EL OTOÑO DE ADA COLAU