Dos buenos recuerdos que ya se perdieron

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Íñigo López llegó al Deportivo en el mercado de invierno. Su fichaje fue de esos que solo se comprende desde la lógica de un cuerpo técnico. Se marchó Carles Gil, un jugador de ataque, y llegó él, un defensa central que ni jugaba en el Extremadura, cuyo único objetivo era luchar por la permanencia. Su presencia en el equipo coruñés se limita a unos minutos en Soria, donde los blanquiazules ganaron por 1-2. Puede, por lo tanto, presumir de que con él en el campo nunca ha perdido el Deportivo. En cambio, no puede decir lo mismo de su paso por el Huesca. Allí perdió algún partido más e incluso uno de una manera un poco sospechosa, lo que ha provocado su detención. La presunción de inocencia juega a su favor, pero el asunto no cheira nada bien. Cuánto mejor era que se le recordase por su condición de imbatible. Como hubiese sido mejor recordar a Borja F.F. por el gol en Balaídos que supuso el 2-3 a favor del Deportivo que también por su relación con el supuesto amaño de partidos.

Dos buenos recuerdos que ya se perdieron