PERDÓN Y DESCONFIANZA
Está muy bien que se pida perdón cuando se cometen errores, pero, a estas alturas, en el caso de los miles de personas afectadas por la estafa de las preferentes llega un poco tarde y lo único que quieren es que les devuelvan, en su totalidad, el importe de sus ahorros.
Ahora, ciertas entidades bancarias, quieren hacer un lavado de imagen, responsabilizando a los anteriores gestores y comenzando una nueva etapa, pero ocurre que quizás sea ya demasiado tarde y la desconfianza esté instalada entre la mayoría de los clientes.
La indignación está llegando a límites insospechados entre la ciudadanía y cada vez son más las personas que ya no pueden depositar su confianza en el poder político y financiero, al culparlos de ser los máximos responsables de haber llegado a la situación actual de conflictividad social y precariedad económica.
Lo peor de todo es que los que más están sufriendo las consecuencias son los más inocentes y menos culpables de toda esta crisis: parados, empleados, autónomos, funcionarios, pensionistas y amas de casa. Estos ven cómo los políticos toman medidas sin pensar en las consecuencias y cada día que pasa se sacan de la chistera nuevas medidas que no conducen más que a la precariedad de las familias más humildes y de los ciudadanos con escasos recursos económicos y pocas esperanzas de futuro.
