Echa a andar la reforma local

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Tampoco la reforma local que inició el jueves su andadura parlamentaria se ha librado del tremendismo dialéctico con que la izquierda política y mediática viene acompañando a cualquier iniciativa del Gobierno en dirección semejante: desguace del municipalismo, golpe de muerte, rechazo masivo, disparate… Casi como en la guerra.     
En realidad no ha sido ni será para tanto. En realidad y afortunadamente  esta reforma local  en curso no ha tenido hasta ahora camiseta reivindicativa callejera de color, como tantas otras. Lo que ha tenido es la formulación de objeciones por parte del municipalismo a través de sus plataformas representativas: la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y aquí, en Galicia, a través de su correspondiente Fegamp. Es decir, a través de los cauces normales para ello establecidos.
Y la verdad es que el empeño ha tenido sus éxitos. Porque cualquier parecido del anteproyecto con el proyecto de ley que ahora se debate y con el texto que pueda salir finalmente de las Cámaras, será mera coincidencia. El Gobierno ha ido aflojando. De todas formas, las discrepancias persisten, como es lógico y no cabe, por tanto, esperar consenso alguno por parte del principal partido de la oposición, que se opone por sistema a todo lo que se mueve.
FEMP y Fegamp han querido ver en el espíritu y redacción  del texto la pluma de expertos que, a su juicio, viven de espaldas a la realidad del  municipalismo. Y los han desacreditado de entrada. Pero tal vez a ellas y a los Ayuntamientos que aglutinan, enfrascados en sus problemas diarios,  les falte una visión de conjunto. Algo así como si los árboles no les estuvieran dejando ver el bosque.
La Fegamp ha sido más dura que su colega estatal. Tal vez porque el presidente de la misma y alcalde de Ferrol, Xosé Manuel Rey, ha tenido miedo a que se le desmandaran las huestes socialistas. En  concreto, ha rechazado el refuerzo de las Diputaciones, reclamado autonomía poco menos que total y pretendido quitarse de encima controles y seguimientos administrativos varios bajo el argumento de que es la única Administración que ha cumplido el objetivo de déficit y que su deuda es sólo el cuatro por ciento de la generada por las Administraciones públicas. A los interventores, por ejemplo, no les quiere ver ni en pintura.  
Quizás en lo que, a mi juicio, no  falte razón es en reivindicar para los Concellos la prestación de los servicios sociales. Se trata de servicios de proximidad.  
Y la local es la Administración más cercana a los vecinos y quien mejor puede conocer situaciones personales. Además, de hacerse cargo de ello las Administraciones autonómicas, éstas quedarían lejos de la debida inmediatez y  rapidez de actuación. Algo más que aconsejable en estos tiempos de crisis.

Echa a andar la reforma local