LA SOLEDAD DEL PARTIDO POPULAR

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El fracaso electoral del Partido Popular en las últimas elecciones generales, lejos de constituir una sorpresa, confirmó la pérdida de votos sufrida por el Partido Popular en las elecciones municipales y autonómicas, así como en las celebradas al Parlamento Europeo. 
En efecto, las últimas elecciones supusieron para el Partido Popular la pérdida del poder y de la mayoría necesaria para gobernar y, desde esa fecha, ha sido condenado al ostracismo y sometido a la mayor soledad y aislamiento parlamentario. No cabe duda que la gestión antisocial de la crisis, la pasividad y retraimiento ante el desafío secesionista y la hidra de la corrupción han contribuido, de manera directa, a generar el rechazo que actualmente padece.
Esa situación, confirmada y agravada en el tiempo transcurrido desde las citadas elecciones hasta hoy, lejos de despertar en el partido la necesaria “autocrítica”, se tradujo en aumentar el “autoengaño”, negando la realidad.
Esa mezcla de amargas victorias y dulces derrotas, sumió al Partido Popular en un auténtico marasmo y falta de pragmatismo, con efectos claramente perjudiciales.
Su “autoengaño” llegó a la máxima expresión cuando se empeñó en no reconocer que el hecho de haber sido el partido más votado no constituía, por sí mismo,  legitimación bastante para formar y liderar un posible Gobierno de coalición, cuyo liderazgo rechazaba el resto de los demás partidos. De ahí que la insistencia en defender la gran alianza constitucionalista, presidida por el líder del Partido Popular, sea “voz que clama en el desierto”, por la sencilla razón de que no encuentra apoyo ni colaboración alguna en el resto de la Cámara.
Evidentemente, si sólo gana las elecciones el partido que, para gobernar, obtiene la mayoría parlamentaria, empeñarse en el argumento de “haber obtenido la mayoría de votos” constituye un espejismo o, podría decirse, un imposible democrático.
Más aún, al Partido Popular no le es de aplicación el refrán castellano de que “más vale solo que mal acompañado” al estar obligado a actuar en solitario sin ningún otro posible acompañamiento.
La grave falta de visión política o el exceso de personalismo han contribuido, de consuno, a que el Partido Popular carezca del coraje necesario para pasar a la oposición y permitir un Gobierno de los más afines constitucionalistas como el Partido Socialista y Ciudadanos, conservando su actual mayoría absoluta en el Senado y una minoría de bloqueo en el Congreso, que le permite su obligada participación en cualquier modificación constitucional.
Haber denostado el Partido Popular el acuerdo firmado entre el Partido Socialista y Ciudadanos fue otro grave error político de aquel partido, pues gracias al citado acuerdo se conjuró, en gran medida, el radicalismo antisistema de Podemos y de los secesionistas independentistas.

LA SOLEDAD DEL PARTIDO POPULAR