POR QUÉ ASÍ Y POR QUÉ AHORA

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Confieso que me hacen cierta gracia los portavoces de la ciudadanía en general.  Esto es, quienes hablan en nombre de toda ella. Quienes aseguran, por ejemplo,  que “la sociedad” está en contra de la reforma educativa. O quienes proclaman que “nadie” pide el retorno a la política de Aznar. Normalmente no aportan datos que sustenten sus categóricas afirmaciones, sino que reproducen la opinión dominante en su limitado y particular entorno de actuación.
Aun no tomándolo lógicamente al pie de la letra, ¿nadie, en verdad, recibiría de buen grado al expresidente si llegara a ser realidad tal circunstancia? Las encuestas que corren estos días por las redes sociales y aledaños, dicen lo contrario.
Lógicamente, líderes y votantes de la izquierda y del nacionalismo no pueden ver al expresidente ni en pintura, entre otras razones porque saben que con su liderazgo, firmeza y claridad les haría políticamente mucho daño. Pero el electorado del Partido Popular –o buena parte del mismo– es otro cantar.
Hay muchos desencantados con el Gobierno no tanto por sus incumplimientos en materia económica y fiscal, que también, sino sobre todo por el quebrantamiento de promesas electorales para ellos especialmente sensibles. Este sector esperaba más de Rajoy. Y esa desilusión se refleja también en los propios grupos parlamentarios.
A fin de cuentas, frente a la “lánguida resignación” de un Gobierno que se excusa en “la mala herencia recibida” para no llevar adelante su programa electoral, Aznar advirtió de que con una mayoría tan amplia como la que tiene el PP en las Cámaras legislativas, lo que hace falta es ejercer tal mayoría y “actuar con decisión a favor de un histórico proyecto”. Ni más ni menos que los que muchos echan de menos en el actual Ejecutivo.
Para este sector desilusionado y que se plantea un cambio de voto en la próxima cita electoral, lo que el expresidente ha hecho ha sido poner el dedo en la llaga. Aun admitiéndolo así, otros nos preguntamos si este era el mejor momento para lanzar tal andanada y tal enmienda de totalidad a la gestión de Rajoy, cuando éste ya está más que acosado por tierra, mar y aire; desde fuera y desde dentro. Y se plantean si no había otros cauces más discretos para lograr un cambio de rumbo, como pudieran  ser los órganos internos del partido.
Personalmente, no me gustan en la política los llamados “versos sueltos”. Y menos si se trata de todo un presidente de honor. No obstante, sigo preguntándome con otros muchos: ¿Por qué así y por qué ahora? ¿Por qué?, como diría mi añorado Mourinho. Y no quiero frivolizar.

POR QUÉ ASÍ Y POR QUÉ AHORA