Vivir en Mauro Silva

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Ya casi no nos acordábamos, porque hace trece años que se tomó la decisión en un pleno municipal, pero ayer se hizo realidad el hecho de que Mauro Silva, además de un exjugador del Deportivo, sea también una calle. Bueno, ayer se hizo realidad fuera de las pantallas porque el buscador que todo lo encuentra –mucho mejor que cualquier madre– y que siempre va un paso por delante de nosotros, ya había colocado la señal en Google Maps. Ahí está la plaquita para quien quiera ir a verla, cerca del estadio de Riazor, lo que supone una nota alta en fútbol, pero un suspenso en geografía, porque han colocado la calle del brasileño entre Ecuador y Colombia.
Lo de ponerle rúa a Mauro se decidió en 2005, cuando todavía Paco Vázquez era un alcalde y no un paseo marítimo, como ahora. Pero no fue el único del SuperDepor que el Ayuntamiento consideró que merecía semejante honor. Fran, que colgó las botas el mismo día que su colega, también tendrá un sitio en el callejero antes de que termine el año, aunque igual, Dios no lo quiera, tenemos que inaugurarla en Segunda.
Normalmente, el cambio de nombre en una calle suele causar algunos problemas a los vecinos, que tienen que cambiar su dirección y rezar para que no se pierdan las cartas, los recibos o los amigos que vienen a cenar por primera vez. Es verdad que la geolocalización y los mapas por internet, que se actualizan al minuto, han ayudado mucho y que cada vez el trastorno es menor, pero me da la impresión de que, puestos a cambiar los nombres de las calles, no habrá demasiados a los que les moleste decir que viven en Mauro Silva.
Con esta calle en concreto no ha habido demasiadas protestas aunque siempre hay algunas voces críticas, como la de quienes se preguntan por qué Mauro Silva y no otros como Amancio o Luis Suárez, por decir dos grandes peloteros que, además, son coruñeses de pro.
Luego están aquellos que consideran que un simple futbolista no reúne méritos suficientes para que se le dedique una calle, aunque otros preguntarán qué requisitos tenían Rey Abdullah o la Estrecha de San Andrés. ¿Y por qué dársela a un escritor, un médico o, incluso, a un político? Lo de ponerle calles a los políticos es algo como la marea en la playa de Riazor, que va y viene, porque los Cantones ya fueron tanto de Porlier como de José Antonio, según fuera el color de los que mandaban en aquel momento, cuando lo suyo es que sean de los coruñeses, así en general.
La Ley de Memoria Histórica obliga a quitar del mapa las que tengan reminiscencias franquistas y de esta forma han caído la División Azul a manos de Antón Villar Ponte o General Sanjurjo ante la avenida de Oza y Juan Canalejo, que ya había perdido antes el hospital, tuvo que pedir Socorro. Nada que objetar, porque las leyes están para cumplirlas, pero sigo pensando que ahí se perdió una gran oportunidad para cambiar la paralela a Arco, esa que va desde Real hasta San Andrés. Ahora se llama Álvaro Cebreiro, pero yo hubiera firmado calle del General Ya No Mola.

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