El efecto de la intolerancia mareante a la espabilina

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QUÉ lejos quedan, afortunadamente, aquellos tiempos en los que ir de A Coruña a Santiago en el Castromil era una odisea. Se tardaba tanto que daba la impresión de que ambas ciudades estaban separadas por miles de kilómetros. Ahora, en cambio, parece que es una carreiriña dun can; carreiriña cara si se hace por la autopista, pero barata y cómoda cuando se recurre al tren. Sin embargo, ha renacido la sensación de que las dos urbes están alejadas por miles de años luz. Y todo por obra y gracias de los políticos. La Xunta es la administración pública que antes paga a sus proveedores, pues solo tarda 14,8 días. Al Ayuntamiento coruñés no le van las prisas y desde hace ocho meses no abona ni una factura en el plazo legal. Así volaron como volaron los 15 millones para inversiones. Qué pena que entre los mareantes no haya un adicto a la espabilina. 

El efecto de la intolerancia mareante a la espabilina