El fondo del pozo

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Contaba hace no mucho Vicente Iglesias Martelo, director de la delegación coruñesa de Cáritas, que nunca se le ha dado el caso de que alguien que en algún momento haya recurrido a sus servicios regresase, pasado el tiempo, a hacer un donativo porque su vida había dado un giro de 180 grados.

Da la impresión de que en ese estadio cada vez más poblado que es el fondo del pozo ya no se aspira a salir. Sus habitantes se conforman con sacar la cabeza por encima del agua lo justo para respirar. En una semana en la que han trascendido dos casos de desahuciados que prefieren borrarse antes de ver como les quitan lo que fue suyo, la radio escupe una de esas historias ante las que si no te tiembla el mentón es que no mereces ni el aire que respiras.

Es una familia de Málaga compuesta por un matrimonio de 52 años, ella y él, y cinco hijos, tres de ellos menores de edad. Los cuatro que podrían ganar un sueldo están en paro. El padre y el hijo mayor trabajaban en aquello que se daba en llamar construcción. Pero se acabó. Subsisten con 461 euros al mes, y pagan 300 por el alquiler de un piso de protección después de haber perdido su propia vivienda.

Ese día se come “sopa de Cáritas”, sin huevo –dicen–, porque no hay. Los vecinos han acumulado un montón de chatarra que la familia vende para poder comprarle unos tenis a los críos; para que vayan al colegio.

No sería descabellado imaginar que en algún momento de su vida a este padre de familia instalado en el fondo del pozo se le hubiese ocurrido –pongamos por ejemplo– fabricar y vender batas de guata.

Puede que hubiese tenido esa idea mientras se ganaba la vida como mozo de reparto en una camisería, tras haber nacido hijo de ferroviario en un pueblo recóndito de León. Puede que se hubiese arriesgado. Puede que le hubiese salido mal.

Pero también puede que funcionase, y que bata a bata hubiese prosperado hasta fundar una empresa, expandirla y convertirse en el hombre más rico se España.

Otros ricos practican la solidaridad pagándole un pastizal a un tipo llamado Cristiano, o contemplan la generosidad desde el patrocinio a un fulano que corre en coche cada quince días. Pero el rico más rico de España sabe que el fondo del pozo es un lugar frío y oscuro. Lo ha visto de cerca.

El fondo del pozo