Realidad o ficción

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Se discute hasta el aburrimiento si el libro de Pilar Urbano es realidad o ficción; historia o novela. Pero no hay duda alguna en que, una de sus frases más llamativas, es verdad. Y es que cuando se puede leer que “a Suárez lo eligieron millones de ciudadanos y que el Rey es el resultado del dedo de Franco y las diecisiete familias de reyes que engordan la biografía del monarca”. Es verdad.
Y ya solo eso me vale para explicar la diferencia entre República y Monarquía y que un servidor se apunta a lo primero. Y es que, al margen de lo que nos cuenten sobre la noche de aquel día, lo mejor sería que se desclasificaran los papeles para que se disipen todas las dudas. Pero no quería hablar de eso –el 23-F– sino de las castas.
Y  eso me lleva al aforamiento de políticos y alta aristocracia que, añade a la inviolabilidad del rey otro parapeto para la reina y los príncipes. No es extraño que muchos ciudadanos piensen en don Iñaki y su santa. Pero es que, además, tienes el caso de la marquesa consorte diciéndole a los guardias “¿sabe usted con quién está hablando?”. Un minuto antes de darse a la fuga.
Ya saben que en el PP de Madrid se preguntan cómo “la Policía de Botella se atreve a retener a Esperanza”, lo que demuestra la clase de casta en que se convierte nuestra derecha que sigue, siglos después, preguntándonos si sabemos quién coño son y qué puñetas somos nosotros.
Y fue otra mujer, sor Lucía Caram, quien puso las cosas en su sitio. El PP, dijo la monja, tenía una esperanza, pero se le dio a la fuga. Y vino a decirnos, televisión por medio, que el país está al borde de un estallido social; que la política sin entrañas que practican Rajoy y su troupe es un estado fracasado y que el gran problema, el veneno puntualiza, de la mayoría absoluta es la prepotencia.
Y acaba sor Lucía explicando que esta casta que nos gobierna, al permitir la injusticia, la desigualdad social, comete la mayor inmoralidad que puede perpetrar un gobierno.
Y es la verdad, aunque no esté escrita en un libro y se resume, con más fuerza que un editorial, en el “chiste” de El Roto: el malestar social es un indicador de la mejoría financiera.
 Qué casta, qué tropa, qué personal.

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