Víctor Díaz Barús, vocación escénica

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La vida no deja de ser un drama al servicio de una vocación. Siempre adelante. De ahí parte un sentimiento de nuestra naturaleza hacia determinada actividad. Tal espíritu de trabajo, prestado con interés y abnegación, contribuye a definirnos. Así, insistimos una vez más, Víctor Díaz Barús, director y promotor teatral. No necesita alabanzas ni críticas laudatorias. Mejor que nadie conoce sus limitaciones y méritos. Pero también sabe cuanto esfuerzo es necesario para sobresalir en su campo. Ahora el grupo de teatro que dirige representará –días 6 y 7 de junio a las 20.30 horas, entrada libre hasta completar aforo– en Ágora la obra “Misericordia”, de Benito Pérez Galdós.
Un centro cultural para disfrutar los coruñeses y agregados. Inmueble bien diseñado y funcional –no es momento de analizar su colosalismo o despilfarro económico–. Ahí está y nuestras autoridades municipales intentan conseguir su mayor rentabilidad colectiva. Innegable labor tuitiva cultural a todos los niveles desarrollada por los responsables de María Pita, aprovechando edificios y cauces institucionales. El cartel anunciador del evento –firmado por M. Abente– refleja sobre fondo oscuro una pareja necesitada que demanda ayuda bajo unas manos angustiosas que imploran caridad.
Sombras y ficciones. Galdós intentó abrir la puerta para fijar y dar aire nuevo al teatro de su época, anquilosado y hermético, sumido en mitos caseros. Encontró nueva densidad a la involución de otra perspectiva social. No obstante, pese a su indudable mérito, no mejoró al Galdós novelista. La estructura teatral es narradora y sus diálogos rompen la economía dramática necesaria… Pese a todo, importa rescatarlo por cuanto sus personajes aparecen enclaustrados en los bando que todavía padecemos: los del amor al trabajo y la verdad, y los intolerantes inmovilistas que se tachan de progres.

Víctor Díaz Barús, vocación escénica