Esperanza y el “cha-cha-chá”

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Había un baile que rezaba: “Esperanza, Esperanza, sólo sabe bailar chá-chá-chá”. Hizo furor entre los “bailones”. Como hace furor la pizpireta Esperanza Aguirre entre sus muchos forofos madrileños y, aún, entre multitud de peperos del amplio panorama español. La señora Aguirre –siempre tan puestecilla ella, siempre tan resultona ella- tiene cierto cariño por La Coruña y hasta nuestro Club de Golf ha venido varias veces, para darle al palito.
Cuando estudiaba Derecho en la Complutense, sus compañeros decían que presumía más que un ratón sobre un queso. Pero Esperanza ha vuelto, si es que alguna vez se marchó. Y tiembla la Botella y tiembla Gallardón. Y se le hacen los dedos huéspedes a la Soraya. La que fue inconmensurable líder regional en los Madriles, de nuevo se deja querer. Digamos, de una vez por todas, que la renovación de la señora Botella como alcaldesa de la Villa del Oso y el Madroño se antoja tan lejana como conseguir la cuadratura del círculo. Aunque ella dice que se ve muy fuerte. Qué va a decir, coitada. Pero lo suyo va a ser más el café con leche. Pero Esperanza –el rayo que no cesa- sigue pidiendo elecciones primarias. Ya se dice que Esperanza se siente cómoda en su atalaya de conciencia crítica del PP.
Siempre ha hecho un discurso nacional, y ahí han estado sus mayores logros. Le gustaría estar a tiempo para aspirar a La Moncloa, pero como puede que no sea posible, hay gente que calcula las ventajas de que sea alcaldesa, y ella se deja querer.
Esto, más o menos, ha dicho un lugarteniente municipal de Madrid. Alguien de Génova ha añadido: “Las cañerías de la sede central del Partido ya están en marcha contra la actual alcaldesa”. Pero también se habla, para el puesto, de la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes,  a la que apoya Cospedal.Pero Esperancita tiene filia por el Ayuntamiento. Puede ser el broche de su carrera política. ¿Y qué hará Rajoy? Como siempre, “velas vir”.
Pero esta vez tendrá que mojarse. Hacía mucho tiempo que los peperos no tenían la alcaldía de Madrid tan en el aire como ahora. Que otros tomen recortes.

Esperanza y el “cha-cha-chá”