AHOGADOS EN LA ORILLA

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Una ola de indignación recorrió Europa tras la muerte de más de trescientos inmigrantes en las costas italianas cerca de Lampedusa. Cientos de personas hacinadas en ataúdes flotantes como hace doscientos o cuatrocientos años, cuando los barcos negreros trasladaban a miles de africanos a colonias o virreinatos americanos. La diferencia es que en aquellos tiempos iban a la fuerza y encadenados como animales en las bodegas de los barcos para ser vendidos como esclavos y ahora pagan un pasaje a precio de estancia en el Ritz para conseguir una nueva vida en un nuevo mundo, en Europa, la Tierra Prometida. Pero muchas veces, demasiadas, todo se tuerce y acaban siendo pasto de los tiburones a escasos metros de la orilla. En la inmigración hay mucho de epopeya. Y de ruindad.
El papa, dominando los recursos dramáticos, calificó de vergüenza lo sucedido en esa localidad italiana, la gran puerta de entrada a la inmigración. Decenas de voces se sumaron a la condena y miles de gargantas pidieron cabezas. Nada nuevo. Como siempre, todo se valora al peso y nada es tragedia hasta que se cuantifica y el resultado ofrece determinados mínimos. Sólo en lo que va de año, más de 30.000 inmigrantes han desembarcado en las costas italianas. Todos los días se va al fondo alguno, es una sangría, pero nadie grita ni sale a la calle a pedir justicia. Si se mueren de treinta en treinta, de cincuenta en cincuenta, entonces se arma la de Dios es Cristo. Portadas, titulares, ruido mediático e imágenes hasta el empacho ¿y después? A otra cosa. A Nadal o al Madrid y al Barça... El pueblo es voluble. Pasó el día, pasó la romería.  
Hagamos memoria. Desde 1993, según informes, han muerto en el Mediterráneo unas 20.000 personas (identificadas) tratando de alcanzar la costas europeas. No hace ni dos meses, por ejemplo, aparecieron en Catania quince cuerpos en un arenal lleno de veraneantes tomando el sol. El Estrecho y el sur de la Península es la tumba de muchos africanos. ¿Alguien se acuerda de aquellas imágenes en una playa de Zahara en las que aparecía el cadáver de un inmigrante mientras los bañistas, impertérritos, seguían a lo suyo como si aquel hombre fuese un madero dejado por la marea? En aquellos días tronó con el rasgar de vestiduras. Una semana después, como si ese cadáver hubiese sido, efectivamente, un madero varado.
Drama humano (“humanitario”, que dicen algunos dándole coces a la semántica), dolor, tragedia, indignación... son las palabras más repetidas. Y luego buenas intenciones y promesas vacías. Pero no interesa ir a la raíz del problema y acabar con él. A África o a los países donde no sólo se permite, sino que se fomentan el conflicto, la miseria y la muerte; donde se alimenta a reyezuelos criminales. Mientras, se edulcoran las conciencias con buen rollito de ONG. Hasta que un día salgan todos esos fantasmas con el machete entre los dientes. Entonces sí que se nos van a poner de corbata.

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