A Cándido Pazó, lo suyo

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Mi última crítica de teatro ha incurrido en omisión imperdonable que debe ser subsanada. Concurro ante el agraviado para pedirle mil disculpas. Olvidé citar a Cándido Pazó como autor de “As do peixe”, estrenada con arrollador éxito en el Rosalía. Una vez más la tortuga sobrepasa en velocidad a la liebre, el alguacil resulta alguacilado o el despistado crítico criticado. Pero ha sucedido honestamente. Sin trucos ni mala uva. Fue un lapsus personal, equivocación y falta cometida por la prisa, provocando mi falta de rigor y la ausencia de escamotear algo tan básico como el nombre del hábil cómico creador.
Si se quiere también un olvido inconsciente al dejar de tener presente en el almacén de la memoria los datos que elaboraban mi parecer dramático. Quizás fuese conveniente, justificación de dolor invocar los versos de Calderón de la Barca: “Que el que olvidar solicita, / no olvida cuando se acuerda/ de que se acuerda que olvida”.
Semeja ocasión propicia para insistir en cierta superficialidad argumental aun cuando ello no le resta un ápice de solidario humanismo, aceptación total de conductas ajenas y propias o crisol donde se mezclan y funden, mediante transposición colectiva, las almas culturales y raciales gallegas… Así deducimos por la idiosincrasia y adhesión efusiva del público asistente y sus estremecedores aplausos.
Y al “disponer” de un espacio imprevisto, recordar que con las cortinas escénicas aludía a la música firmada por Samuel Alonso, la escenografía y vestuario de Carlos Alonso y la feliz iluminación de Afonso Castro. Como telón último desde la tribuna teatral, el reconocimiento y sacrificio de todas las mujeres gallegas.

A Cándido Pazó, lo suyo